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La educación como variable de ajuste

Es importante empezar mencionando que la educación es sumamente importante para que un país tenga futuro, entendiendo que, sin educación, es un país destinado al sometimiento. Ahora bien, es trascendental no perder nunca el foco de esta idea básica. Hago hincapié en esto porque más allá de la opinión que tenga cada uno acerca de la forma en que se debe implementar, nadie con coherencia debería estar en contra de su existencia.

La realidad actual en Argentina es que la educación está siendo afectada, y esto lo podemos vislumbrar en términos numéricos con el presupuesto del 2019 y observarlo en términos reales con el accionar diario del Gobierno.

Desde un punto de vista objetivo y estrictamente numérico, podemos mencionar que el presupuesto para el 2018 en “Educación y Cultura” era de $203.758 millones de pesos y, para el 2019, el monto es de $229.303 millones. Es decir, un aumento nominal del 13%. En un país donde la inflación es baja, sería un dato al menos prometedor. Pero en Argentina, la realidad es distinta, ya que el Gobierno presupuesta -de base- una inflación del 35% anual, lo que implica en términos reales que el gasto en educación disminuyó un 20%

Observando el accionar del Gobierno en materia educativa podemos destacar los siguientes aspectos:

  • Conflicto docente: lejos de entender al docente como un factor importante para que la educación progrese y de intentar mejorarla en forma conjunta, está a la vista de todos la intención de no dialogar y de no escuchar reclamos salariales. Lo único que se logra con esto es una grieta entre ambos debido a una puja improductiva entre el Estado y el docente, afectando al avance de una educación propicia. No debemos olvidar de mencionar el proyecto de ley que se intento implementar en la provincia de Buenos Aires que apunta a hacer de los profesores de Educación Física una profesión colegiada, es decir, que trata de sacarlos del estatuto docente.
  • Reducción de aportes en infraestructura y equipamiento: es ya sabida la situación de precariedad en muchas escuelas públicas, donde que las ventanas no estén rotas o se tenga algún enchufe funcionando ya es un privilegio. Se estima que solo el 1% del gasto público en educación presupuestado está destinado a infraestructura. Por poner algunos ejemplos podemos mencionar a la escuela nº 72 de Almirante Brown donde se derrumbo una pared dejando a los alumnos sin aula de sexto, o el caso trágico que se dio en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires, que dio lugar a dos muertes por fuga de gas, siendo lo más llamativo de la cuestión, que la misma vicedirectora habría comunicado 8 veces dicha perdida al organismo correspondiente.
  • Cierre de educación técnica, bachilleratos e institutos de formación docente: por Resolución nº 4055/2018 se determinó el cierre de 14 escuelas comerciales, cursos y bachilleratos nocturnos en la capital. Sumado a que en 2018 también se produjeron cierres de varios centros de formación docente en Jujuy, Mendoza y Buenos Aires.
  • El Gobierno actual acredita que la educación está en declive y que los planes son ineficientes, pero la realidad también nos muestra que se está muy lejos de intentar mejorarla o modernizarla, teniendo como respuesta a esta problemática la de ajustar y cerrar, lo cual perjudica a la educación inicial, primaria, secundaria y ni hablar de los terciarios e institutos de formación docente

En un país donde la carga tributaria es altísima, la inversión en educación tiene que ser acorde. No podemos darnos el lujo de estar entre los países con mayor carga fiscal y no tener a la educación como un pilar.

La realidad nos muestra que el Gobierno está lejos de tener un proyecto educativo serio: lo único que hace es ajustar por ajustar y luego confrontar. Olvidándose que en 2018 la pobreza y el desempleo aumentaron de forma alarmante, de nada sirve ajustar algo que la mayoría considera eminente y soñar con que el sector privado (o los astros…) se encarguen de acomodar todo, sin siquiera tener un plan acorde. La consecuencia de esto es que se generara una mayor división social, no solo en términos económicos sino también en términos pedagógicos.

También es necesario decir que aumentar el gasto público en educación por el sólo hecho de tener mejor “marketing” o “índices” de nada sirve, ya que el gasto público debe estar acompañado por un proyecto inclusivo, integrador, real y sostenible en el largo plazo, con objetivos y metas a alcanzar donde lo que prime sean las buenas prácticas educativas.

 

 

Por Leonardo Arturo

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