Lo último

Bailando al ritmo del FMbIt

La Argentina atraviesa un momento algo más que complicado en materia económica: la inflación vuelve a mostrar una tendencia al alza, el precio del dolar se dispara y el nivel de pobreza estructural parece perpetuarse en el tiempo. ¿Por la nueva idea del oficialismo se pregunta? Volver a tomar deuda externa por medio de un préstamo con el FMI para mantener calmado al mercado monetario y sostener una moneda nacional que sigue perdiendo valor a diario ahogando cada vez más a las clases trabajadoras.

pobreza UCA

Datos de la UCA

Mauricio Macri asumió con un índice de pobreza que rondaba el 30% según datos de la UCA que el mismo gobierno tildó de confiables. Luego de poco más de un año del gobierno del PRO, la pobreza, naturalmente, aumentó a cerca del 33% -según la UCA-, pues el gobierno comenzó con la quita de subsidios a los servicios básicos, sinceró el tipo de cambio y la inflación llegó a su pico máximo alrededor del 40%. Quizá sorprendentemente, en marzo del corriente, el presidente Macri se vanaglorió con una noticia de las que ilusionan: el índice de pobreza mostraba -según el nuevo INDEC- un retroceso cercano al 25%. Con una tendencia similar pero con números distintos, la UCA había indicado sólo 4 meses antes del anuncio de Macri, que la pobreza había efectivamente descendido, pero rondaba el 29%.

Básicamente, la tendencia respondía a una conjución de causas que en términos pragmáticos eran ciertas: con respecto al PBI, el gasto público aumentó hasta el 2017, se puso en marcha un plan de obra pública, el precio del dolar se sostenía en bandas aceptables, la inflación mostraba una tendencia a la baja y el PBI crecía levemente impulsado por la construcción que también demandaba mano de obra retrayendo el índice de desempleo. Para intentar contrarestar el efecto corrosivo que la inflación ejerce sobre los salarios, aumentó también la AUH y el salario mínimo pero no lo suficiente para resguardar el poder de compra de los sectores más vulnerables. El gobierno había sostenido el dolar a base de una masiva emisión de bonos denominados en dólares y subiendo significativamente la tasa de interés para evitar corridas hacia la divisa estadounidense motivo de una inflación que aún a la baja se sostenía por encima de las dos decenas. Las reservas internacionales crecían al ritmo que la deuda externa hacía lo propio.

Pero el año 2018 comenzó con fuertes turbulencias: la precisión quirúrgica con la que el gobierno parecía normalizar las variables macroecnómicas no era parte de un plan de fondo: la lluvia de inversiones extranjeras que el gobierno esperaba nunca llegó porque Argentina es un país geográfica y demográficamente centralizado, no cuenta con una infraestructura tal para que eso suceda y su presión impositiva es tan alta que los incentivos son más bien escasos. El gasto público creció (hasta en sectores curiosos como “Gasto Militar” pese a que Argentina no posee hipótesis de conflicto) pues sin el impulso estatal de la economía “el gradualismo” -¿para quiénes los cambios son gradules?- no habría sido posible. Pero ésto también significó que el déficit de cuenta corriente se profundizara acompañado por un déficit en la cuenta comercial de tendencia preocupante. La combinación <aumento significativo de la deuda externa> y <déficits gemelos> volvió a ejercer presión sobre el tipo de cambio pues mientras todas las variables se movían, el dolar seguía valiendo lo mismo. Ésto, en economía, suele durar poco.

Primero a fines de 2017 y luego en abril de 2018, el dolar pasó de rondar los $15 tras el sinceramiento cambiario hasta superar la barrera de los $24 en la primera quincena de mayo. Mientras los salarios siguen dependiendo de paritarias atrasadas para no perder poder de compra, el endeudamiento de los hogares muestra una tendencia al alza y la presión social aumenta, el gobierno eligió intentar calmar a los mercados volviendo a estrechar lazos con el FMI y aplicando a un “respaldo financiero” que hace recordar mucho a los célebres “Megacanje” y “Blindaje” previos a la crisis de 2001, aquellos que intentaron sostener una convertibilidad que ya no podía sostener más su carácter de intrínsicamente ficticia. Actualmente (y luego de haber solicitado dinero al exterior a pocos meses de asumir el nuevo gobierno), las reservas se sitúan alrededor de los 50 mil millones de dólares ya que, si bien eran superiores, el BCRA tuvo que, desesperadamente, perder un 10% de reservas en un día para evitar una corrida al dolar que, de todas formas, sucedió pocos días más tarde.

En resumen, el gobierno de Mauricio Macri se encuentra entre las cuerdas como se encontró el gobierno de Fernández luego de 2012. En lugar del peligroso camino del endeudamiento interno que en su momento eligió la ex-presidenta, el nuevo mandatario, fiel a su simpatía por los mercados financieros y los centros internacionales de poder, optó por el endeudamiento externo una vez más en menos de tres años, e intentará evitar una nueva explosión de la inflación y una consecuente (o paralela) nueva corrida hacia el dolar refugiándose en los siempre calurosos brazos del Fondo Monetario Internacional para proteger las reservas a costa de más y más deuda externa. ¿Cuánto podrá durar la PAX MONETARIAM? Es difícil esbozar una respuesta aunque sea tentativo pensar que durará lo que dura el carnaval, que es en general bastante poco.

El oficialismo no cuenta con un plan económico a largo plazo. No ha generado un ambiente propicio para una concertación nacional donde todos los sectores de la economía debatan cuál es un plan económico posible para el país. Nadie entiende si Argentina pretende industrializarse, especializarse en servicios, convertirse en un paraíso fiscal, maquila, volver al modelo agro-exportador del cual prácticamente nunca pudo escapar, etcétera. Y mientras el camino sea siempre sofocar a las PYMES con una gigantezca presión impositiva y cargar a los sectores trabajadores con los costos del ajuste (perdiendo poder de compra a corto plazo y pagando la deuda externa a mediano y a largo), La Argentina seguirá perpetuamente condenada al stop and go que le ofrece la fluctuación de los precios internacionales de las materias primas.

Como el mejor de los escenarios, el préstamo del FMI llegará, los mercados se calmarán, los trabajadores seguirán perdiendo poder de compra poco a poco y el déficit de cuenta corriente mejorará a costa del crecimiento de la deuda externa. Como el peor… mejor no recordar el ruido a metal, el galope en la Plaza de Mayo ni mucho menos las hélices.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: