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EL bONO DE LA VERGÜENZA

El gobierno, la CGT y algunos empresarios, se reunieron para firmar el acta del acuerdo “Diálogo para la Producción y el Trabajo”. Teniendo en cuenta el reclamo de los gremialistas que afirman que la inflación anual superó el promedio del nivel de aumento de salarios vía paritarias, se promueve el pago de un bono anual de $2000 (dos mil pesos) a los sectores trabajadores (este monto indicado es una suerte de referencia o base).
   El punto es que el verbo promover se tomó tan en serio que no hay ninguna obligación de pagar el bono, ni a nivel privado ni estatal. En lo que concierne a lo público, el gobierno federalizó la decisión y dejó en manos de las jurisdicciones provinciales el pagar o no el bono a los empleados estatales. Por el lado de los privados, algunos sectores ya anunciaron que “como sus partiarias sí fueron más cercanas a la inflación, no van a pagar ningún bono” mientras que otros afirmaron que “con el estado de enfriamiento de la economía, las finanzas no estimulan al pago del mismo.
   Lo cierto es que el tan ansiado segundo semestre, hasta ahora, no muestra prácticamente nada positivo para los sectores más vulnerables que han visto caer su salario real a base de aumento en sus costos y -en el mejor de los casos- consiguieron el congelamiento en su salario real. Si bien es verdad que la inversión extranjera directa no suele llegar de un día para otro a ningún lado, también lo es que parece estar pensándose todavía muy bien si venir o no a nuestro país. La inflación, ha marcado una clara tendencia al descenso y esto es lo más rescatable, sin embargo, el rubro alimenticio no ha sido coherente con el resto de los precios ya que ha sostenido un nivel de aumento creciente, o sea, otro golpe más a la clase trabajadora.
   Claramente, el consumo se ha desplomado pero, paradójicamente, la producción no aumenta, es decir que la economía continúa en la trampa kirchnerista, sólo que invertida. Mientras en el último gobierno de Cristina Fernández el gobierno fogoneaba un consumo ilusorio con emisión monetaria a granel en un contexto de subsidios anabólicos ineficientes mientras el nivel de producción se mantenía casi constante, el nuevo gobierno decincentiva el consumo pero no incentiva la inversión interna pues no hay sectores dinámicos que muestren capacidad de reabsorción. En síntesis, si el problema era que antes el consumo se encontraba en el escalón número 15 y la producción en el número 8, ahora el consumo cayó al 10 (¿parecería acercarse al equilibrio, no?) mientras que, al mismo tiempo, la producción tiende -también- a descender escalones sin cambiar el escenario general.
   El bono de la vergüenza es un paliativo deficiente que ni siquiera es tal pues será pagado sólo por aquellos buenos samaritanos que consideren el pedido del gobierno. Por supuesto, ni vale la pena a esta altura mencionar que quienes trabajan en la economía social (se estima un tercio de la población) no cuentan siquiera con la promoción del bono. El sector trabajador está muy cerca de regalarle ya un año de paciencia, sacrificio y tolerancia casi absoluta al gobierno, ¿tendrá que seguir mucho tiempo más?

 

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