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Sean eternos los subsidios… que supimos conseguir

¿Cuán bien hiciste el examen si dependés de que el profesor te regale nota para aprobar? Al menos, siquiera el mínimo suficiente. Algo parecido sucede con la economía argentina, pues la exótica línea de tiempo entre Cristina Fernández y Mauricio Macri ha logrado lo imposible: destruir una economía que había crecido, al menos, por casi ocho años seguidos. Inflación, destrucción de empleo genuino, desincentivo a la inversión privada -en un país capitalista-, malversación de fondos, devaluaciones, cepo y atrasos cambiarios, subsidios irrisorios sostenidos en el tiempo, déficit gemelo, tarifazo, ajuste, pérdida del poder adquisitivo, desempleo, estanflación, alta presión impositiva, entre otros. Aunque parezca que no (parece que sí, ¿eh?), son todos insumos altamente radioactivos que, sucedidos consecutivamente y hasta presentes de forma paralela, son capaces de volar una economía por los aires.
Jugar al juego de quién tiene la culpa, nuestro deporte nacional, es sin dudas divertido -y aliviante cuando la culpa la tiene el otro- aunque también es bastante improductivo, o al menos en vano, dado que la economía no va a mejorar por más que sepamos quién la empeoró. Sin embargo, para analizar qué pasa, es imposible no ver qué pasó, para entender qué nos trajo hasta acá y que veamos cuán bien lo estamos haciendo en el corriente.
Pero para no convertir este artículo en uno más, imitemos a esas películas y/o libros ingeniosos y originales que van de adelante hacia atrás. Veamos cuáles son los problemas hoy y de dónde vienen para ver, finalmente, adónde van.
Es cierto que la palabra inflación es más común en Argentina que las frases “te amo”, “te agradezco” o “por favor”, pero, en la actualidad, dicha yerba venenosa no es la vedette de la calle Corrientes para desilusión de muchos monetaristas ortodoxos. Lo que más aqueja a la Argentina hoy es la combinación entre pérdida de poder adquisitivo de los sectores trabajadores y nivel de desempleo creciente. O sea, más simple: todo mal che. Tu poder de compra se cae mes a mes porque sigue habiendo inflación alta (aunque baje lentamente), tus paritarias no la alcanzan -ni cerca le pasan- y no le podés echar la culpa a ningún paisano porque la presión de tu sueldo real a la baja no la ejercen trabajadores que entran al mercado y  rebajan tu salario por competencia de precios relativos sino que se debe al sinceramiento de dichos precios (¿te sentís mejor si le decimos ajuste?), lo cual aumentó tus costos mientras que tu salario subió muy poco pues, debido al fantasma del desempleo, preferís seguir laburando por menos que protestar con un bombo en la calle porque lo perdiste.
Pero, ¿quién fue el demonio neoliberal, oligarca exterminador de los humildes que permitió esta canallada? ¿Querés un nombre propio para descargarte? No es tan fácil, ésto fue una continuidad de errores que empezó algunos años atrás. Para no hacer un relato histórico (que ya hemos hecho varias veces en esta página), te lo resumimos en una regla de tres simples, algo de lo poco que nos dejó la matemática escolar: si sabemos que antes el salario tenía más poder adquisitivo pero admitimos que los costos eran bajos porque eran ilusorios teniendo en cuenta que estaban congelados por subsidios (transporte público, servicios básicos, la garrafa social, el combustible y hasta el BigMac, entre otros)… la pregunta es, ¿yo tenía un buen salario por mi trabajo duro o más bien tenía un salario bajo pero engrosado en cuanto poder de compra por los subsidios que abarataban los costos reales? 
 
 
¿Qué triste es la respuesta, no?
Pero no se siente que esto empeora rápidamente para su entretenimiento. Los subsidios, en un primer período, se financiaron con la primera devaluación a la salida de la convertibilidad y luego con retenciones a exportaciones (bastante lógico). Como más tarde su volumen creció en vez de mermar y el país no tenía tanto ingreso genuino, el gobierno optó por imprimir más billetes de los que demandaba la economía. Fue como tirar alcohol al fuego del asado sosteniendo la botella en la mano: y sí, nos quemamos. La inflación comenzó a subir progresivamente y los subsidios ahora los pagaba… ¡Usted! ¿Qué ingeniería financiera, verdad? ¿Una obra maestra? Ahora no sólo su sueldo seguía siendo bajo sino que cada vez era menos poderoso motivo de la inflación galopante. Paritarias era una palabra que liberaba endorfinas para su satisfacción pero los porcentajes y tramos concretados avivaban la chispa depresiva. Bueno, al menos los servicios seguían siendo baratos, hasta que… “llegó Mauricio, el que te aumentó los servicios”, como dice el chiste popular.

 

Pero no se mueva de su asiento que viene la peor parte y como el morbo argentino es alto, de seguro no se la quiere perder. Le vamos a ahorrar unas cuantas clases de Macroeconomía para economistas con la siguiente afirmación (le pedimos que nos crea): si el Estado decide aumentar la cantidad de dinero, en un país normal, compra bonos en el mercado financiero -que paga en pesos- volcando más billetes en la economía luego que la operación se concrete. La compra de bonos genera una suba de su precio y por ende, baja la tasa de interés. ¿Lindo cuento, no? Veamos cómo aplicarlo al caso argentino.

 

En Argentina, la cantidad de dinero inyectada a la economía creció en cantidades -créanos- abismales, pero la actividad económica (la cantidad de transacciones en la economía) se sostenía prácticamente constante. A todo ésto, no se compraron bonos a cambio de inyectar más dinero sino que se inyectaba sin ningún tipo de respaldo vía transferencia directa para incentivar el consumo. Ciertamente, el consumo siguió en aumento y la inversión hizo lo propio en algunos puntos aunque, debido a lo descrito hasta ahora, era un aumento ilusorio. ¿Entonces? La inversión en bienes de capital no tuvo una demanda genuina (se compraban debido a la baja tasa de interés) y de a poco el capital se fue liquidando. Como conclusión: cayó el stock de capital y con él la productividad marginal por trabajador. ¿Qué cree usted que significa ésto para su salario real?
Como se advierte, alterar sostenida y progresivamente el nivel de precios relativos mientras se construía la idea de un salario real musculoso con subsidios anabólicos, creó una ilusión económica más en un país que de ésto sabe mucho. El problema es que, por ahora, salir de esa situación complicada no parece una cuestión sencilla.
El gobierno actual ajustó varios precios relativos esenciales (tipo de cambio, transportes, gas, electricidad, entre otros) pero se olvidó del salario. Los trabajadores siguen perdiendo poder de compra pero ahora por dos flancos: inflación y ajuste. Obviamente, el consumo cae. El gasto fiscal trata de ajustarse motivo del amplio déficit que generó la política económica anterior y el sector externo crece muy lentamente ya que, si bien, el nuevo tipo de cambio y la baja de retenciones incentivaron la exportación, los precios internacionales de las materias primas no están ni cerca de su techo histórico. Como ya se imagina, la única variable en la que debemos depositar nuestra fe y devota esperanza es la Sagrada I de inversión. Claramente, la inversión extranjera directa no volará de un día para otro en clase turista hacia nuestro país y los empresarios locales, fieles a su historia, se tomarán su tiempo para confiar en un nuevo gobierno que aunque de centro-derecha, es más keynesiano de lo que mucho pensaban.

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