Lo último

Vuelve el subsidio arrepentido…

Los arranques de locura popular que ciertos sectores judiciales tuvieron respecto al tema “tarifazo energético”, “sinceramiento de tarifas”, “ajuste de precios relativos” o como quiera usted llamarlo, obligaron al gobierno a dar marcha atrás con la política de shock económico, al menos, en lo que compete a los aumentos tarifarios de la energía, más precisamente del gas, aunque no se descarta la extensión del tope a la electricidad. Sin demasiado para festejar, ahora el aumento tiene un tope: 400%, es decir, que sin importar cuánto usted gaste “demás”, el aumento en la tarifa será 5 (cinco) veces su factura del año anterior. Veamos, si usted consume menos que el año anterior, es premiado con un precio por unidad consumida inferior por su uso responsable; si usted  consume más que el comparativo al año previo, pagará la tarifa actualizada pero sólo hasta un 400% más que la primera vez. Sea bien que usted consumió más porque goza de mantener prendida calefacción que no precisa o sea que usted deja directamente todas sus llaves abiertas, da igual, pagará 5 (cinco) veces su factura anterior. Un cálculo maestro…
Si bien en El Mundo del Pobre ya dedicamos este artículo exclusivamente al tema energía, parece ser que el tema demanda una mirada aún más profunda, y ciertamente lo demanda. Pero es interesante en cualquier discusión, aclarar primero acerca de que se está discutiendo. En Argentina, solemos tener acaloradas discusiones que rápidamente pierden su eje y se alejan del tema original. En los medios de comunicación, los medios de difusión gubernamental, las redes sociales, en la calle y próximamente en una audiencia pública, los argentinos discutimos cuánto debe valer la tarifa de los servicios públicos esenciales. Es decir, creemos que la cuestión pasa por cuánto nos parece a nosotros que debe valer. Bueno, en general, los costos de las cosas no se miden de esta forma sino a partir de cálculos y mediciones algo más complejas donde la rentabilidad del empresario y la calidad del servicio son dos puntas de la misma vara con la que se mide el valor de estos bienes y servicios esenciales.
Sin rodeos, podemos afirmar que la gestión vigente es la actual responsable de que la discusión se siga sosteniendo en el eje superfluo y demagogo que planteaba la gestión anterior: ¿el pueblo se merece servicios públicos accesibles y en cantidad? Como si alguien fuese a responder como en la publicidad del jugo: “¡No se lo merecen!”. Los bienes y servicios tienen un valor que generalmente se desprende de una sumatoria de factores: básicamente y para simplificarlo, del costo de los insumos más el transporte, más los impuestos, más el valor agregado al producto final. Por supuesto, desde las privatizaciones de los ’90, las grandes centrales generadoras de energía están en manos privadas y la cantidad y calidad de la generación de electricidad dependen del grado de inversión en la materia. Por supuesto, el nivel de inversión está relacionado con la tasa de retorno que ofrece pues ningún alma caritativa invierte su dinero para perderlo haciendo patria.
Es clave introducir el tema inversión / tasa de retorno porque éste es el núcleo de la formación de precios. Sin embargo, la energía no es como otros bienes y servicios, no puede analizarse como cualquier mercado donde si al productor no le cierran los números, levanta la empresa y se va a su casa o cambia de rubro con facilidad. En principio, el mercado de la energía es uno muy especial partiendo desde la base que hablamos de un monopolio natural y que es lógico que así sea (imagine 5 gasoductos de empresas distintas que pasen por un mismo túnel a lo largo de todo el país o 10 centrales eléctricas que compitan por la provisión del servicio con sus propias redes de distribución cada una). Pero claro, la palabra monopolio ya le debería hacer ruido a cualquier lector, pues ésta es una falla de mercado que perjudica de lleno a los usuarios ya que tiende a subir los precios por la concentración de la oferta. Para que ésto no suceda, el Estado se un ente controlador, es decir, el mediador entre los usuarios y las empresas para emular las condiciones de un mercado perfecto que no es tal: vela por la correcta provisión del servicio mientras que regula el esquema tarifario para que el monopolista natural no se quede con una ganancia extra motivo de su posición dominante, es decir, intenta mantener una cierta lógica en las tarifas basada en los costos de generación y la tasa de retorno que pretende el empresario.
Bien, párrafo a párrafo vemos que la correcta medición de una tarifa de un servicio público esencial no es una discusión sencilla y superflua. Y no lo es precisamente porque el acceso a este servicio debe ser universal, no puede excluir ciudadanos ni por su posición absoluta o relativa en la geografía nacional, ni por su nivel de ingresos ni por ningún otro tipo de filtro. Pero sucede que a toda esta compleja red de factores que van formando el costo del servicio, se le suma una variable extra: la disponibilidad de recursos naturales de energía primaria y la capacidad técnica, tecnológica y financiera de explotarlos. En los últimos 15 años, Argentina perdió el auto-abastecimiento que había ganado en los ’90 a base de privatizaciones (con sus consecuencias correspondientes). Ésto significa que el país debe importar energía del exterior. Importar energía no es intrínsecamente malo, de hecho, hay muchos países desarrollados que lo hacen. El problema es cuando no hay dinero para pagarla.

El punto de partida de la crisis energética surge de la combinación entre subsidios y congelamiento de tarifas. Tras la crisis del 2001, el país salió del estancamiento económico fogoneando el consumo. Para ello subsidio la energía y el transporte al mismo tiempo que congeló las tarifas. De la mano del keynesianismo anti-cíclico, la actividad económica ciertamente se recuperó, pero cuando Argentina alcanzó las históricas tasas chinas, el gobierno siguió sosteniendo los precios congelados para su conveniencia política. Las tarifas por el piso incentivaron el sobre-consumo y era común prender la estufa con la ventana abierta debido a los bajos costos. La inconsciencia ecológica nacional fue más allá de “no pensar en verde”: sentó las bases del déficit energético en todo el país. El congelamiento de las tarifas espantó a cuanta inversión pretendía venir a La Argentina y como las empresas no tenían garantizado el abastecimiento energético, decidieron -simplemente-, volar hacia otros lares. ¿A caso la falta de inversión en el sector durante varios años consecutivos no dio señales suficientes de que una crisis acechaba el área? ¿El gobierno anterior no la quiso ver o prefirió que la bomba explote en manos de otro tirano?

La situación energética en Argentina es preocupante. En simples palabras: el país no tiene la capacidad ni técnica ni financiera de explotar sus propios recursos. Para que eso suceda, se precisan enormes inversiones en el sector pero el dinero no existe. Ante esta disyuntiva, la capacidad productiva suele funcionar a todo vapor (valga la metáfora) y aún así no alcanza a cubrir la demanda energética por lo cual debe importar. En general, la gente no tiene mucha información sobre cómo se genera la energía, pero éste es un proceso ciertamente complejo (Si le interesa aquí tiene una explicación sobre cómo se genera, por ejemplo, electricidad a partir de una central térmica de ciclo combinado). Como la producción no alcanza a la demanda, en momentos de pico de consumo, las grandes industrias y las mismas centrales generadoras de energía, dejan de consumir electricidad para que los usuarios tengan luz en sus hogares. Aún así, los cortes son frecuentes. ¿Cree usted que una boleta mensual de electricidad puede tener un costo relativo muy bajo? Difícil de creer. No obstante, es lógico pensar que ciertos sectores necesiten que la tarifa esté por debajo de los costos de producción porque de otra manera no habría forma de pagarla. Claramente, dichos sectores precisan una tarifa social, pero es importante pensar previamente cómo ese gasto va a solventarse.

En síntesis, la discusión esencial, más allá de toda lucha política, es cómo recuperar una planificación del sector seria, responsable, coherente y largoplacista. El gobierno debe contar con lujo de detalles en qué estado está la matriz energética argentina y cuáles son, al día de hoy, los costos reales de la generación de energía. Una vez aclarado este tema, debe establecer una tarifa diferenciada según el ingreso de cada ciudadano, pero más seriamente de lo que está haciendo en la actualidad. Una persona que gana apenas por encima de dos sueldos básicos o tiene un auto de menos de 8 años pero a la vez debe sostener a toda su familia, no puede dedicar más del 30% de sus ingresos en el gasto de energía (entre luz y gas). Una PYME no puede afrontar costos tanto más altos que la obliguen a echar personal para afrontar los gastos en energía. Tiene que haber un sentido más racional del cuadro tarifario, porque como es entendible que los salarios no puedan subir 100% de una paritaria a la otra, también es ilógico que alguien no pueda afrontar sus gastos en servicios básicos sólo “porque la economía debía sincerarse”. Claramente, falta coordinación entre el gobierno, los entes reguladores y las empresas distribuidoras. Es entendible que haya ciertas idas y vueltas, errores y rectificaciones puesto que el desorden energético era y es muy grande, pero que el gobierno le pida paciencia a quienes no pueden pagar su boleta “porque están aprendiendo”, es de poco serio a preocupante. En lugar de realizar un tratamiento más profesional del tema y socializarlo, el gobierno decidió ir por el camino más fácil: “vuelve el subsidio arrepentido, con sus tarifas tan tiernas, con el criterio partido, con el ajuste entre las piernas…”




Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: