Lo último

Que el último (a)pague la luz…

Según el índice que se tome (y según los productos en él seleccionados con las respectivas ponderaciones), desde 2003 a la actualidad, la inflación acumuló en Argentina un promedio de 850%. Sin embargo, mientras los precios relativos de muchos mercados acompañaban la ola inflacionaria, otros mantuvieron las tarifas a precios nominales casi invariables. Como ningún empresario hace beneficencia y ningún gobierno hace magia, está claro que alguien estaba pagando ese aumento no reflejado. Ese alguien era el Estado, que subsidiaba el resto de la tarifa que el consumidor no pagaba. ¿Eso es malo? Depende…

 

Desde un punto de vista economicista, sí, porque subsidiar el consumo es generalmente inviable en términos intertemporales. Es decir, puede subsidiarse mientras el ingreso se sostenga al alza. Cuando éste se estanque o comience a caer, el costo del subsidio será mayor y el Estado deberá afectar cada vez una proporción mayor de su ingreso. Desde un punto de vista más social y enfocado desde la política pública, subsidiar un servicio es una decisión política que suele beneficiar a los sectores menos pudientes pues abarata su costo de vida. Sostener ésto es viable en épocas de crisis, pues cuando el ingreso de un sector es bajo o nulo, si alguien no paga por dicho sector, éste no accede al bien o servicio. Ahora, si el país crece y el ingreso mejora, es lógico que el Estado retire paulatinamente el subsidio. Pero, ¿por qué?
Bueno, porque un subsidio es algo no rentable para el Estado. “Pero el Estado no es una empresa”. Efectivamente, no lo es, pero sí es un agente económico, y por este motivo, debe velar por su estado financiero. Ampliemos esto para que quede claro. Si el Estado invierte en un puente, ruta u autopista, está generando un gasto de inversión hoy que recuperará algún día (probablemente en mucho tiempo). ¿Por qué? Primero porque al generar infraestructura, se genera trabajo. Segundo, porque al mejorar infraestructura, se dinamiza la economía (bajan los costos de los traslados, aumentan las transacciones entre ciudades o lugares específicos que se conectan, se incentiva la inversión privada en actividades colindantes, etc.). Y tercero, se recaudan más impuestos (peajes o contratos de concesión a privados por ejemplo e impuestos derivados del segundo motivo). Sin embargo, un subsidio, no devuelve nada al Estado y sólo le quita, o sea, o bien beneficia al consumidor ó bien beneficia al empresario. El tema es que cuando los subsidios superan la capacidad del Estado de generar ingresos (que utiliza para luego subsidiar), llega un momento en que no hay más dinero para sostenerlos. Si no hay más dinero, hay tres alternativas: a) el Estado imprime billetes por sobre la demanda de dinero para cubrir los déficits generando inflación; b) el Estado se endeuda en el exterior para refinanciar su deuda interna y así seguir subsidiando; c) el Estado quita el subsidio y: c¹) aumenta la tarifa ó, c²) sostiene el congelamiento de precios quebrando a la empresa.
Bien, Argentina viene endeudándose internamente hace 7 años y esa alternativa está caduca. Por este motivo, el gobierno actual eligió una combinación entre b) y c¹): se endeuda en el exterior para refinanciar su pasivo y permite la suba de las tarifas para cortar subsidios y achicar el déficit fiscal que heredó. Es que sin que el gobierno lo diga, su plan emerge cada vez más claro ante los ojos de los analistas y, como muchos sospechábamos, está basado en el ingreso de capitales (no somos muy visionarios pues no había tantas opciones más). Como ese es el plan central, todo lo demás gira en torno a él:
  • arreglar con los holdouts para salir del default;
  • generar confianza al mercado externo;
  • bajar el déficit fiscal para demostrar compromiso macroeconómico;
  • quitar el cepo para incentivar la entrada (y la posterior salida) de divisas;
  • bajar retenciones a la exportación para incentivar a los sectores generadores de divisas y tentar a las reinversiones en las economías regionales.
Claro, alguien deberá pagar los costos de ese ajuste pro-mercado y quién sino los trabajadores. A rigor de verdad, los trabajadores empezaron a pagar los costos del ajuste desde que la inflación es una de las palabras más oídas en este país. Cuando el gobierno de Fernández sintió el cimbronazo de la crisis económica internacional vía el comercio exterior, sumado a su lucha interna con el campo que detuvo la liquidación de divisas, se desenmascaró la realidad de la estructura económica argentina: seguíamos siendo un país dependiente de los bienes primarios que exportábamos. Ante la caída del ingreso nacional en un contexto de inflación de dos dígitos, el Estado tomó dos medidas: decir que no existía tal inflación y sostener su gasto para no cargar los costos políticos, aún cuando no había cómo pagarlos. Así sostuvo, por ejemplo, subsidios al transporte, la energía y otros servicios.
Cuando el kirchnerismo llegó al poder, el boleto mínimo de colectivo estaba en 0.75 centavos. Cuando se fue, en $3, o sea, aumentó 300%, pero claro, la inflación era, por tomar un generoso promedio, de 850%, es decir, casi 3 veces el aumento del precio relativo del boleto mínimo de colectivo. Claro, estos números describen la provincia de Buenos Aires, pero no el interior, puesto que allí el boleto sí acompañó más coherentemente el aumento inflacionario. Pero como “Dios está en todos lados pero atiende en Bs. As.”, es en Buenos Aires donde vale la pena que el termómetro político indique como mucho una ligera febrícula. Siendo más claros… en Bs. As. están los votos que te sostienen en el poder porque allí está la muestra nacional (que de representativa no tiene tanto). En efecto, el ajuste del precio relativo de la tarifa no responde a una medida neoliberal de un Estado siniestro sino a un atraso sistemático en la actualización de precios de las tarifas de aquellos servicios que fueron ineficientemente subsidiados por un gobierno al que no le importó que sus ingresos para pagar sus gastos se habían estancado y que estaba sosteniendo una situación financiera insolvente.
¿Y el salario no es un precio relativo actualizable?

 

Y si de precios relativos atrasados hablamos… el salario no puede pasar desapercibido. Y es que hace más de 4 años que el salario real persigue de atrás a la inflación. Por ende, plantear un sinceramiento de precios de tarifas atrasadas pero no sincerar el salario real es, por lo pronto, algo incoherente. Pero es interesante preguntarse por qué hasta un aumento infinitécimal de ciertos costos impacta de lleno en forma negativa sobre el salario. Una de las respuestas puede ser porque en Argentina la economía se ha precarizado y ante cualquier mínimo aumento de  una variable el trabajador no puede sostener su nivel de consumo, es decir, no sólo el trabajador tiene menos ingreso disponible ante la suba de uno de sus costos (algo lógico), sino que ésto impacta directamente en su nivel de consumo a la baja.
En resumen, las distintas distorsiones que refleja la economía habla a las claras del desorden macro y micro que azota al país y da letra a la centro-derecha para ordenar vía ajuste. Como se dijo en la última nota del Mundo del Pobre, el gobierno de Macri tiene fijo el objetivo del mediano/largo plazo, pero está desantendiendo tanto pero tanto el corto, que peligra con hundirse antes de llegar al puerto de embarque.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: