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Ingeniería financiera chilena: un posible modelo a seguir

El equipo económico del nuevo gobierno baraja la posibilidad de imitar algunos artilugios made in Chile en su afán de frenar la alta inflación que sufre la economía nacional. Para ello, se estudia la política económica chilena que lleva adelante el Banco Central de aquel país hace varios años y en especial la instrumentación de un mecanismo anti-inflacionista llamado “la unidad de fomento” o UF por sus siglas. Este instrumento matemático-estadístico busca posicionarse como un índice financiero de referencia el cual, mediante la aplicación de la tasa inflacionaria medida por el IPC sobre el mismo, refleje, partiendo de un punto de partida establecido, la variación nominal de los precios.
En consonancia con su manual político, el actual gobierno busca por todos los medios diferenciar sus prácticas respecto al anterior y la política económica no es la excepción. Luego de levantar el cepo al dólar con un tecnicismo milimétrico, eliminar retenciones para incentivar la diversificación productiva agraria y reducir impuestos de exportación a la soja para fomentar la venta, liquidación de dólares mediante, los tecnócratas del gobierno parecen tener bastante claro cómo detener la hemorragia de la baleada economía nacional. Sin embargo, aunque en poco tiempo han atacado los males principales, la inflación es el mayor por excelencia y es aquél el que más afecta a los sectores trabajadores, los cuales hasta ahora no han recibido demasiados guiños por parte del gobierno nacional.

Así las cosas, como parte de un plan integral que podemos imaginar pero todavía no descubrir de forma íntegra, parece que la inflación cercana a tres decenas es el nuevo síntoma que el oficialismo atacará en su próximo paso. Para ello, como aquel estudiante que de reojo mira la hoja del compañero en el medio del examen, la vista de los economistas de Macri se alza por encima de la cordillera para copiar la receta chilena para controlar la inflación.

Y es que en pos de marcar diferencias claras entre el pasado cercano y el futuro que asoma, el juego político barato y con patas cortas de ocultar la inflación llegó a su fin. Por el contrario, el nuevo gobierno pretende crear un índice de referencia al que se le aplique la tasa de inflación y así se evalúe cómo afecta exactamente su tasa de crecimiento, de ser posible, día por día. Para lograrlo, el modelo a seguir es la UF. Dicho índice tiene un momento base igual a cien (M¹ = 100) que será prudentemente escogido según las autoridades económicas. Dicho momento puede valuarse en sí mismo, es decir, UF = 100,.o bien puede valuarse en moneda nacional, suponga 1 UF = $100. Una vez establecido el momento uno, el valor nominal de la UF cambiará en relación al índice de precios al consumidor (IPC), siendo así una unidad de referencia propia que libere a la economía argentina de estar continuamente pendiente de la cotización de otros activos, como por ejemplo, el dólar.
De lleno en el concepto: UF, la unidad de referencia reajustable
 
La UF es una unidad financiera reajustable de acuerdo con la inflación medida por el IPC (índice de precios al consumidor). Su origen se situó en los préstamos hipotecarios y su valor se estipuló en un momento base igual a 100. Ésto, que puede resultar confuso, es bien simple: imagine que usted quiere medir cuánto ha crecido su salario en los últimos doce meses. Bueno, su momento base es doce meses atrás, donde la referencia nominal es igual a 100.
Pongamos ésto aún más claro. ¿Qué sentido tiene diseñar una unidad financiera de referencia que sea reajustable por inflación? Bueno, el uso es muy parecido que el que en Argentina le damos al dólar. Veamos un ejemplo. La economía argentina es históricamente inflacionaria. Los agentes económicos son conscientes de ello y por ende, suelen cotizar ciertos bienes de larga duración y/o de capital en algún activo que no sufra inflación, por ejemplo el dólar. No es para nada extraño que un propietario cotice su inmueble en dólares o que algún comerciante mida el valor del fondo de comercio de su negocio en la misma moneda. ¿Por qué? Bueno, porque al medirlo en un activo que prácticamente no sufre inflación, el agente se cubre de shocks inflacionarios que pueden ser muy nocivos a la hora de negociar sus bienes. Si cambiamos el dólar por la UF como unidad financiera de referencia reajustable por inflación, tenemos que un inmueble vale una cantidad determinada de UF y como la UF se reajusta día a día por inflación representa siempre un valor real y no meramente nominal como lo representa la moneda de uso corriente. ¿Cuánto vale su casa? 100.000 UF. ¿Y cuánto es eso en pesos? Multiplique ese monto por el precio nominal al que se ajustó hoy la UF. ¿Y si mañana el gobierno devalúa, cuánto valdrá la vivienda? 100.000 UF multiplicados por el monto nominal al cual se reajuste post-devaluación. Parece que quedó claro.
Pero, a todo esto, ¿Cuál es la real ventaja de utilizar la UF y no el dólar? Bueno, que la UF no es influida ni alterada por el mercado, es sólo un índice financiero nacional de referencia, por ende no se ve alterada en esencia por las fuerzas de mercado pues no es un activo transable como si lo es una divisa.
Que la matemática no nos domine. Calcular el valor de la UF es bastante sencillo. ¿Recuerda el valor base igual a 100? Bueno, imagine que vamos a calcular la variación de la UF al día siguiente. Como el cálculo de la variación del IPC se expresa en porcentaje (es una tasa porcentual de variación) se divide por cien (vpIPC/100). Como el valor base de la UF es 100, el factor común es también 100 y 100/100 = 1. De esta forma obtenemos el primer paréntesis (1 + vpIPC/100). Como reajustaremos la UF diariamente, multiplicamos la variación por 1/d (d es la cantidad de días que tiene el mes en el que calculemos la variación), obteniendo así la tasa final. Dicha tasa se aplica a la UF. Por ejemplo, si el numero final es 1, la UF valdrá ahora 101.
No todo es UF
Como seguramente el lector ya se ha percatado, la mera creación de un índice económico por mas útil que sea, no soluciona por arte de magia una inflación de dos dígitos que aflige al país hace más de cinco años (no-fue-magia). La UF es parte de un paquete de medidas económicas que ha tomado Chile y otros países como Brasil para tener “metas inflacionarias” de bajo rango (estimadas entre el 2% y el 4%). Entre estas medidas no se encuentran grandes novedades en cuanto a la cuestión. Las claves (no con todas ellas coincide el autor de esta nota) son las siguientes:
  • Equilibrio fiscal: los chilenos son muy estrictos con el sostenimiento de un superávit fiscal de alrededor del 2%, cuestión que suelen defender “a cualquier costo”. El objetivo surge de una interpretación un poco extremista del manual keynesiano y se refiere a “ahorrar en las buenas para cuando lleguen las malas”. La clave es poder aplicar siempre políticas anti-cíclicas, aunque ciertamente ésto no seria del todo viable si la economía sufriera un shock externo muy abrupto.
  • Un Banco Central sumamente autónomo respecto al gobierno de turno que tenga como meta principal el control de la inflación, ergo, de la emisión monetaria.
  • Una mesa tripartita para acuerdos sociales entre Estado, trabajadores y empresarios con una condición esencial: que los aumentos salariales se pacten en base de la inflación esperada (futura) y no la pasada, contribuyendo así al descenso de la misma y no al fogoneo del espiral.
  • Una reforma tributaria que aumente el aspecto progresivo de los impuestos. En pocas palabras, que los que pueden pagar más, lo hagan con creces.
En resumen, tomar lo mejor de los demás y aplicarlo a nosotros mismos con los matices necesarios al contexto nacional no es nunca una mala idea. De todas formas y lamentablemente, la economía es un monstruo que como Frankestein, a veces puede no obedecer al científico que experimenta con ella. Sin embargo, recuerde: en economía, no hacer nada, no suele ser una buena idea, e ignorar los síntomas de la enfermedad, es la peor de todas.

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