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Los niños que crean valor, la analogía que entristece

Te invitamos a encontrar la analogía entre esta historia y el sistema monetario internacional:

 

Un pilón de figuritas de un álbum de una serie de dibujos animados se convirtió en protagonista del patio de un colegio en algún lugar del mundo. Y es que no había niño que no se sorprendiera al ver el montón que completaba milimétricamente ese álbum tan difícil de llenar. Los dueños de la empresa que imprimía las figuritas habían ido al colegio a promocionar el producto y dejaron al pie del mástil de la bandera una cajita de cristal con todas las figuritas que completaban el álbum. Curiosamente, los publicistas no estaban dispuestos a intercambiar las figuritas por un bien o un servicio; siquiera lo entregarían por activo o pasivo fungible alguno. La condición para llevarse el pilón y poder así llenar el álbum era emprender una competencia entre todos los alumnos en base al buen comportamiento individual de cada uno durante el año lectivo. Los jueces deberían ser los propios maestros.
Desde un punto de vista económico, un álbum es un cúmulo de deuda que contrae quien lo posee. Cada figurita es un compromiso a cumplir para aquel que ansía con verlo completo. La iniciativa de la empresa fue maravillosamente recibida por directivos y maestros de la escuela, puesto que el comportamiento de los niños mejoró exponencialmente y era hasta emocionante ver cómo se armaban las filas para ver la caja de cristal al pie del mástil.
Pero conforme pasaba el tiempo, la premiación resultó un problema. Es que tan bien se había portado la gran mayoría del alumnado, mejorando sus notas y su conducta en clase, que un pilón de figuritas no bastaba para galardonar tan buen comportamiento masivo. La empresa había disciplinado a centenares de niños tan sólo con una promesa por demás simplista. Entonces los directivos se comunicaron con la empresa para comunicar la nueva situación y esta fue muy resolutiva: le aconsejó a la escuela que diga a los niños que habría un pilón para todo aquel que sea catalogado con una conducta excelente. Sin embargo, mandarían al colegio algunos pocos pilones más,  porque su promoción en los colegios los había dejado sin stock.
Cuando los niños se enteraron de la buena nueva, comenzaron a disminuir su esfuerzo en conseguir una conducta intachable, puesto que habiendo tantos pilones, no habría que ser el mejor para conseguir el (antes) único existente y, aún más, ya éste no era tan valioso ante la existencia de otros iguales. Los directivos y maestros, conscientes del cambio negativo, pensaron en otorgar premios parciales a los alumnos y todas las semanas se hacía entrega de algunas figuritas del pilón a aquellos que mejor se habían comportado. Como la distribución de figuritas era azarosa, no se tardaron en repetir figuritas por niño y así el recreo se convirtió en un mercado ideal. En él se beneficiaban quienes poseían las figuritas más difíciles de conseguir, ya que las valoraban más que al resto y el intercambio dejó de ser numéricamente equitativo. Había también especuladores que siquiera tenían el álbum pero cambiaban figuritas por juguetes o comida. Los hurtos no tardaron en aparecer; las apuestas tampoco.

Gracias a su genial idea, la empresa de figuritas se hizo muy popular y exitosa en todas las escuelas del país. Entonces decidió imprimir muchos más álbumes para que los niños adquieran. El problema fue que de tantos pilones que había entregado, perdió la cuenta de cuántas figuritas debía imprimir para que los álbumes se llenen. El resultado fue un desequilibrio total en el cual había muchos más álbumes que figuritas en las manos de niños o colegios. Sin darse cuenta, los niños nunca podrían cumplir con sus compromisos de deuda con el total de recuadros vacíos del álbum ya que no existían tantas figuritas como espacios vacíos . Desde el punto de vista individual, esto no resultaba del todo importante y hasta podía siquiera ser percibido. Es que aquellos que mejor se comportaban, mejor negociaban, mejor especulaban o más hurtaban, tendrían, al fin y al cabo, su álbum lleno. Pero desde el punto de vista global, era una estafa, puesto que nunca se podrían llenar todos los álbumes existentes. Queriéndolo o no, la empresa había inducido a los niños a ciertos comportamientos que, aún realizados no los conducirían a su cometido.

Y así lo que comenzó siendo una campaña publicitaria basada en una idea original, terminó siendo un sistema perverso en el que las personas deberían dejar gran parte de su tiempo de vida en la realización de actos que no necesariamente los llevarían a su satisfacción.

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