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¿Cómo empezamos a ser pobres? PARTE XI

Tras los gobiernos radicales de Yrigoyen y Alvear, las fuerzas armadas derrocan al gobierno democrático y se instala en Argentina una nueva época de violencia y corrupción a granel.
 
 

 

Luego de los penosos acontecimientos de 1919 conocidos como “la semana trágica”, en 1920 se da una nueva huelga de trabajadores en Santa Cruz, hecho que pasó a la historio como “la Patagonia Rebelde”, otro hito cruento y lleno de represión, a cargo esta vez del Coronel Héctor Varela.
Es que Luego de la Primera Guerra Mundial, los precios de los commodities bajaron y los estancieros ajustaron pérdidas vía expulsión de mano de obra y reducción de salarios. Los peones de la Patagonia trataron de tomar estancias y fueron recibidos a balazos por los patrones y la policía. Los líderes que representaban a los trabajadores en aquel episodio fueron Uterello, Soto y Font, entre otros. El último de ellos fue convocado por el Coronel Varela –designado por el gobierno de Yrigoyen– para llegar a un acuerdo, pero al llegar al campamento del ejército fue ejecutado. A la muerte de Font le siguieron persecuciones al resto de los trabajadores rurales hasta que el ejército comandado por Varela sofocó la rebelión cobrándose un total de más de mil muertos a los que previamente hicieron cavar sus propias tumbas. Por éste accionar, Varela fue recibido con honores y condecoraciones como la Dirección de la Escuela de Caballería de Campo de Mayo. Pero no todo fue bueno para Varela: no mucho tiempo después, era asesinado por un anarquista en la puerta de su casa en venganza a sus represiones. Un integrante de La Liga Patriótica Argentina vengó la muerte del Coronel asesinando a su victimario en su propia celda.
Entrado el año 1922, el primer gobierno de Yrigoyen llega a su fin y la Unión Cívica Radical elije a Marcelo Torcuato de Alvear como candidato presidencial. El radicalismo triunfa en las urnas nuevamente y Alvear asume junto a representantes de las familias conservadoras que formarán gran parte de su gabinete. En 1924 el mismo Alvear forma la Unión Cívica Radical anti-personalista, con la idea de separarse totalmente de la ideología de Yrigoyen. Alvear otorga mucho poder a las figuras militares como Uriburu y Justo, a la vez que aumenta el presupuesto de Defensa. En ese momento es cuando el reconocido escritor Leopoldo Lugones –en consonancia con algunas políticas de Alvear—esboza su famoso discurso “la hora de la espada” en el cual, básicamente, refiere que la democracia no funciona y que el ejército debe hacerse cargo de lo que los gobiernos electos se mostraron ineficientes, como el orden económico y social.
Alvear recortó el gasto público y se encargó de darle un lugar relevante al conservadurismo argentino, aquel que todavía creía que gastar en salud y educación seguía siendo despilfarro gubernamental y asistencialismo ineficiente. El nuevo Presidente nombra al Gral. Mosconi para explotar el petróleo nacional por medio de YPF, compañía que había creado previamente Yrigoyen. La gestión de Mosconi fue excelente y la empresa estatal comenzó a crecer progresivamente.
En 1928 concluye el gobierno de Alvear y en las elecciones, el radicalismo fue separado, con Alvear de un lado e Yrigoyen del otro. Éste último se sobrepuso al candidato a la reelección y volvió al gobierno con una edad ya avanzada y un estado de salud en decadencia. El segundo gobierno de Yrigoyen fue caótico pues le tocó convivir con la gran crisis económica mundial de 1929. El comercio se contrajo en todo el mundo al igual que el crédito y el índice de desempleo voló por los aires. Pero, quizás paradójicamente, Argentina fue ejemplo del famoso refrán “no hay mal que por bien no venga”, ya que con la crisis mundial las exportaciones cayeron y nuestro país se vio obligado a emprender un proceso rápido de industrialización no planificada vía sustitución de importaciones.
La historia comúnmente estudiada fundamenta la debilidad del segundo gobierno de Yrigoyen a partir de su achacosa vejez y su consecuente incapacidad de palear las crisis económica y social desde el Estado. Sin embargo, es en su vejez cuando Yrigoyen mejor comprende el escenario internacional y las ventajas que Argentina podía obtener del mismo. El Presidente comprende que el petróleo es un recurso vital y estratégico para el mundo complejamente industrial que se avecina.
Mientras el gobierno de Yrigoyen se debilitaba por la crisis, el ejército y la derecha conservadora preparaban el golpe a puertas cerradas con Justo y Uriburu como cabecillas y otros militares como bastión de apoyo, entre ellos Juan Domingo Perón. Pero dentro de éste grupo golpista pronto habrá diferencias tan sustanciales que dejarán a Justo y Uriburu separados ideológicamente. Ambos coincidían en la necesidad de derrocar a Yrigoyen, pero Justo no creía en la reforma de la Constitución y la eliminación del sistema democrático y el régimen de partidos, mientras que Uriburu se acercaba mucho más a un gobierno de tipo fascista como el alemán, el japonés o el italiano. Dada dicha disyuntiva, Perón tomará partido por Justo, entendiendo como mejor camino un golpe que derroque a Yrigoyen para llamar a elecciones proscribiendo al radicalismo, algo así como una democracia formal pero evidentemente fraudulenta.
Yrigoyen, enfermo y presionado, delega el mando en su vicepresidente Martínez, quien declara el Estado de Sitio. Uriburu marcha sobre la Casa de Gobierno con militares de rango menor, pero el gobierno no ofrece resistencia y el pueblo –salvo algunos militantes radicales–apoya el golpe. Martínez se niega a resistirse y también a presentar su renuncia. Pero con la llegada de Uriburu –apoyado tímidamente por Justo—el Presidente interino se vio, tras ser amenazado, obligado a presentar su renuncia y la de Yrigoyen.
Uriburu se pone al frente del gobierno con apoyo de la Corte Suprema y una de sus primeras medidas fue intervenir YPF y poner bajo arresto a su Director el Gral. Mosconi. No fue una medida casual teniendo en cuenta que la mayoría de su gabinete estaba formado por figuras muy cercanas a compañías petroleras extranjeras como Shell y la Standard Oil. Fue justamente el apoyo y financiamiento de la Standard Oil, empresa estadounidense, el mejor pelotón con el que Uriburu tomó la Casa Rosada. No obstante, en un mundo en el que Estados Unidos comenzaba a arrebatarle definitivamente la hegemonía global a Gran Breteña, Inglaterra jugaría una de sus últimas cartas en nuestro país, valiéndose de los siempre férreos hombres del buen pensar, aliados generación tras generación con el Reino Británico. Así, por medio del apoyo y el financiamiento de su compañía petrolera de cabecera, Shell, Inglaterra consigue que Justo derroque a Uriburu.
Nos encontramos en el inicio de un período de insubordinación ideológica total, en el cual el socialismo argentino de Juan B. Justo es representante del librecambio y el nacionalista de Ugarte es minoritario y no logra reunir las fuerzas suficientes para entrar con firmeza en la escena política. Con el golpe se reinaugura un régimen de liberalismo económico y totalitarismo político. Además, el nuevo Presidente intervino gobiernos provinciales y universidades y cerró el Congreso. El gobierno militar censuró la prensa y la política partidaria al tiempo que declaraba el Estado de Sitio. Uriburu estableció la pena de muerte y alistó pabellones de fusilamiento por donde pasaron representantes de los partidos anarquistas, socialistas y comunistas.
El golpe del ’30 es el inicio de una Argentina otra vez llena de violencia, caos y corrupción a mansalva.

 

CONTINUARÁ…

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