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La misma discusión de siempre

El premio Nobel de economía de éste año fue para una institución que alberga economistas teóricos con ideas distintas. Tan distintas que son una la total oposición de la otra.
Eugene Fama y Robert Shiller, son dos de los tres economistas premiados por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Economía 2013. Fueron premiados por sus estudios empíricos acerca del comportamiento de los mercados financieros. El asunto es que, si bien ambos discuten acerca de cuestiones de economía moderna como los mercados financieros actuales, las raíces de sus fundamentos reproducen la vieja discusión original económica que data de los albores de la economía como ciencia y que tomó gran relevancia luego de la gran depresión de 1929 y los posteriores escritos teóricos del economista británico J.M. Keynes.
Resulta que hasta el momento en que se materializo la crisis del ’29, las premisas del liberalismo económico ocupaban la punta de la pirámide del conocimiento científico-económico, a pesar de las críticas que recibían, por ejemplo, de la mano de teóricos como Carl Marx. Pero la crisis dejó al desnudo que las bases de la teoría liberal hacían agua por todas partes y máximas como la Ley de Say o la autorregulación de los mercados, eran construcciones teóricas que quedaban muy bonitas y elegantes plasmadas en manuales de economía pero reflejaban muy poco la realidad. La primera refería que la oferta crea su propia demanda y la segunda, que por medio del mecanismo de precios, los mercados siempre serían capaces de auto-regularse, como si una “mano invisible”  acomodara siempre aquello que podía presentarse como eventuales desequilibrios entre la oferta y la demanda de cualquier cosa.
Pero tras la gran crisis del ’29 las recetas del liberalismo sólo contribuyeron a profundizar la depresión y la teoría económica tuvo que sincerarse para darle lugar a nuevas teorías, como las esbozadas por Keynes en su libro “Teoría General”. Allí Keynes afirmaba que los mercados no tenían la capacidad de auto-regularse sino que estaban repletos de fallas intrínsecas que, tarde o temprano, saldrían a la luz en forma de crisis económicas. A su vez, Keynes también fue contra Say y su ley, afirmando que no siempre que se produzca (oferte), esa producción encontrará un comprador (demanda), siquiera aún bajando los precios a los mínimos posibles.
Esta reseña histórico-teórica no es en vano en cuanto al Premio Nobel de economía 2013, puesto que en el fondo de la cuestión que se discute yace la siguiente pregunta: ¿los mercados… se auto-regulan? Si; No; A veces; Quizás.
Según Fama, sí, los mercados financieros se auto-regulan y son eficientes por sí mismos. A su vez, el economista afirma que la mano invisible es tan invisible, que los movimientos en los valores de los activos financieros responden a una suerte de “movimiento aleatorio” por el cual ciertos activos se aprecian y otros se deprecian sin seguir una lógica sistemática precisa. Siendo así, Fama afirma que nadie puede prever nada ni tampoco alterarlo lo suficiente como para acomodarlo a su interés personal. El analista refiere que los precios responden a la información que los agenten tienen de los activos en el momento y que esta información es circunstancialmente universal, por lo cual la eficiencia del mercado está garantizada.
Shiller, oponiéndose a su colega, cree que la eficiencia de los mercados es una ilusión. Afirma que los movimientos en los mercados bursátiles no dependen sólo de la información disponible en el momento sino que responden además a otros factores como, por ejemplo, aspectos psicológicos de los agentes. Shiller afirma que la demanda de un activo financiero no siempre responde a una lógica de rentabilidad sino también a un contagio de tipo “movimiento en masa”. El opositor a Fama basa su fundamento en las burbujas especulativas, aludiendo que cuando un activo sube de precio sin tener relación con la rentabilidad intrínseca que posee, existe un factor externo a la información de momento que altera los precios y genera un contagio en lo agentes.
En resumen, los estudios económicos recientes aplican sobre las nuevas áreas de competencia de la economía moderna pero aún subyacen bajo la misma discusión teórica que hace dos siglos atrás, cuando el capitalismo se asomaba con el sol del alba. 

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