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Brasil: armas para todos

Siguiendo la línea política de los últimos gobiernos brasileros, el oficialismo de Dilma reducirá impuestos a los fabricantes nacionales de armamento.
Siguiendo la línea política de los últimos gobiernos brasileros, el oficialismo de Dilma reducirá impuestos a los fabricantes nacionales de armamento.
En éste diario ya hemos hablado acerca de las diferencias que existen entre los intereses de la sociedad brasilera y el Estado de aquel país (vea aquí). La referencia fue hecha en relación a la construcción de infraestructura deportiva necesaria para albergar eventos mundiales de alto prestigio internacional como con el mundial de fútbol y las olimpiadas. Dimos nota de lo que eran para éste Brasil contemporáneo, cabeza de serie mundial, nuevos intereses de cara a sus nuevos objetivos: aquellos que lo acercan al nivel más alto del sistema internacional.
Y vaya que lanzarse a hospedar eventos mundiales es una gran forma de llamar la atención del mundo, como lo es también que el presidente de la OMC sea brasilero, por ejemplo. Pero hay ciertas recetas antiguas que siguen siendo tan llamativas para el ojo internacional como lo eran cientos de años atrás y pareciese que nunca serán obviadas por ningún Estado que quiera pisar fuerte en las grandes ligas. Y es que Brasil además de ser un anfitrión deportivo internacional, quiere ser un peso fuerte en recursos militares; es así que su presupuesto en defensa es una curva ascendente.
La nueva noticia es que la presidenta brasilera firmó un decreto acerca de un Régimen Especial Tributario para la Industria de Defensa con objetivo de fortalecer el sector bélico nacional. Las empresas que fabrican armamento bélico en Brasil –siempre y cuando adecúen su fabricación a las demandas del Ministerio de Defensa—obtendrán una fuerte reducción de impuestos para poder así aumentar la oferta. La vigencia del beneficio tributario será de 5 años y el decreto no sólo incluye a los fabricantes de armamentos sino también a los servicios para la Defensa Nacional (véase mantenimiento, modernización, conservación, etc.).
Pero esto incluye no sólo a quien ensambla las partes y confecciona el arma sino también a quien fabrica las partes y las materias primas para las partes, reflejando un fuerte impulso estatal a la industria manufacturera, en éste caso, armamentística. Así Brasil se decide en ir por el protagonismo mundial desde todos los frentes: una industria nacional fuerte para contar con un inventario militar fuerte. Es difícil no recordar, dada esta situación, a ciertos países que se han refugiado en la fabricación de armamentos para palear eventuales crisis procedentes del resto del aparato productivo de bienes convencionales.
Los cánones para ser un país fuerte en el sistema internacional conllevan utilizar mecanismos cada vez más diversos, aunque, las herramientas clásicas como la ampliación de la capacidad bélica sigue siendo la favorita de todos aquellos que pretenden ser más que los demás de cara al mundo en el que nos toca vivir. Para algún lector internacionalista que caiga en éste articulo, el realismo en su máxima expresión, año 13 del siglo XXI. 

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