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Rompiendo el chancho de a poco

El Banco Central vendió arriba de u$s 2.000 millones entre septiembre y octubre y acumula una pérdida de casi u$s 9.000 millones en lo que va del año.
En ciertos aspectos –aunque no en todos—, la economía de un país es muy similar y comparable con la economía personal de cualquier persona. Un ejemplo de esto es la relación directa que puede encontrarse entre las reservas de un país y el ahorro de un individuo. En tanto y en cuanto se lo permitan, un agente económico humano, atesorará de sus ingresos –si cuenta con ese margen—en el activo que crea que mejor capacidad de refugiar valor posee, pudiendo ser éste la moneda de su país, una divisa extranjera, un bono, oro, zapatos, porciones de pizza, lo que considere la mejor opción. En paralelo, lo mismo sucede con un país: el Estado atesora aquel excedente que resulta de lo que produce y lo que gasta, en el activo que cree más confiable en términos inter-temporales (es decir, que no se depreciará con facilidad).
Argentina, al igual que todos los países, realiza intercambios comerciales con el resto del mundo. Cuando llega el momento de pagar lo que compra, el medio de cambio suele ser el dólar estadounidense por ser la moneda “universal” hace más de 50 años. Esto es en cierta forma un escollo, pues aquel país que quiera comprarle algo a otro, tendrá que tener dólares con los cuales pagarle. Pero cuando un país compra cada vez más dólares con su propia moneda para realizar sus intercambios, esta tiende a depreciarse debido a la lógica de oferta y demanda. Y que una moneda local se deprecie continuamente puede ser un gran problema, puesto que pierde poder de compra y acelera los procesos inflacionarios, precarizando la economía de los sectores más necesitados.
Éste último problema es un tema de prioridad en la agenda conflictiva argentina del último lustro. Es que el país había llevado las reservas –denominadas en dólares—a un nivel record, debido, principalmente, al éxito de las exportaciones. Sin embargo, el paralelo y progresivo aumento de los gastos (por ejemplo, de las importaciones) resultó en el proceso inverso, en el cual el país comenzó a gastar las reservas que había conseguido para hacer frente al nuevo escenario. Ante éste panorama, hubiese sido muy lógico preguntarse qué se podía hacer para exportar más y conseguir más reservas importando lo mismo; sin embargo no se hizo, porque más simple aún es restringir las importaciones para gastar menos.
Pero cuando un país se encuentra en fase de crecimiento y la actividad económica –antes paralizada—en fase ascendente, los procesos productivos avanzan paulatinamente y precisan de importaciones para desarrollarse (tanto insumos como bienes de capital), para lo cual una restricción de importaciones suele traducirse en un freno.
En un contexto económico nacional donde la moneda local se deprecia constantemente, la inflación permanece alta y en aumento, la compra de divisas extranjeras está prohibida y las importaciones restringidas, aquellos exportadores que se hacen de dólares, lógicamente, tienden a retener las divisas en lugar de liquidarlas para conseguir pesos. Cuando no hay dólares para afrontar los pagos que son menester, o no importamos ni pagamos más nada, o, el Banco Central sale a liquidar sus ahorros (véase, los dólares de la reserva). Éste es el escenario actual argentino, en el cual el BCRA ya entregó u$s 8.900 en lo que va del año 2013.
Además de proveer divisas a un mercado el cual carece de las mismas, el Banco Central se ve en la necesidad de vender dólares para sostener el tipo de cambio oficial que mantiene sucio, porque ante la falta de dólares, su valor sube depreciando el peso.
Para cerrar la comparación entre una economía nacional y una personal, el Banco Central está afrontando sus deudas con lo que en algún momento fue un excedente, un ahorro o, en éste caso, sus “reservas”. No las ha gastado todas pero mantiene un ritmo alto. Es como aquella persona que tiene más gastos que ingresos y se ve en la necesidad de romper su chanchito para afrontar sus deudas. El chanchito tiene mucho dinero y para no caer en la tentación, puede romperle sólo una patita y agitarlo para que las monedas caigan de a poco. Pero a no agitar demasiado que el chanchito sin fondo no existe.

 

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