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Créditos para blanquear: ¿Buena o mala señal?

El gobierno baraja la propuesta de lanzar créditos a tasa subsidiada para aquellas empresas pequeñas que blanqueen al total de sus empleados.
Una propuesta ideada para que más de un millón de trabajadores entren al sistema formal de empleo, no puede ser sino una buena noticia. Que muchas personas hoy contratadas de forma informal, sin un contrato claro, sin obra social ni aportes jubilatorios, pasen a formar parte de las filas del sistema laboral legal, parece ser una gran señal para la economía y la sociedad argentina en general. Sin embargo, que para que esa medida pueda ponerse en práctica, el Estado deba incentivar a los empresarios con créditos a tasa subsidiada es algo así como un mensaje subliminal que demuestra que algo no anda muy bien en el sistema tributario.
Los créditos a tasa subsidiada estarán disponibles para aquellas empresas con menos de 40 empleados, los cuales deben ser blanqueados en su totalidad a la vez que mantenerse en planta por lo menos 2 años obligatoriamente. Los créditos subsidiados tienen por objeto “alivianar” las cargas que significan para una pequeña empresa tener empleados como la ley lo establece.
La medida apunta a sortear los conflictos sociales y legales que presentan las unidades productivas más pequeñas, allí donde más se presenta el fenómeno del trabajo informal. Pero más allá de una medida proactiva como esta, yace una buena pregunta que todo gobierno debe hacerse alguna vez: ¿por qué para un pequeño empresario es más rentable emplear gente en negro que con las cargas legales que corresponden?
La respuesta de los economistas clásicos no tardará en aparecer de la mano de los manuales de economía básica: como las pequeñas unidades productivas no consiguen alcanzar los niveles de producción a escala, los costos de agregar una unidad de producción más, tienden a encarecerse en vez de abaratarse como cuando se logra producir en escala. Y teóricamente, es cierto. Pero que sea más caro no significa que sea no rentable y parece que para las pequeñas unidades productivas, llevar adelante una empresa con una dotación en blanco, no es lo suficientemente rentable como para realizar el emprendimiento.
No podemos discutir en una nota periodística que margen de ganancia se traduce en rentable y que margen no en lo que respecta a una pequeña empresa, pero sí podemos entender que un fenómeno tan generalizado extrañamente responda sólo a un espíritu capitalista ambicioso e insaciable por parte de los pequeños empresarios.  Es más factible que estemos frente a un escenario en el cual el sistema tributario ahoga e inhibe a aquellos pequeños empresarios que pretenden mantenerse dentro de los márgenes legales. Es menester realizar un análisis serio del sistema tributario para responder a la pregunta de si estamos o no frente a un sistema de tipo regresivo, en donde los que menos ganan son los que más pagan –en términos proporcionales—e viceversa.

 

Párrafo aparte merece recordar al lector, que una ayuda gubernamental al pequeño empresario al momento que se le entregan los créditos subsidiados para que pueda así afrontar su ingreso a la legalidad, puede convertirse en una fuerte carga en el futuro cercano, porque un crédito –por más barato que sea– no deja de ser una deuda y el capital no tendrá, en su mayoría, como destino la inversión sino el consumo.

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