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¿Cómo empezamos a ser pobres? PARTE X

El fin del fraude electoral
 
En un país donde había dominado el fraude por más de 40 años, se abren las urnas para que el pueblo participe. El radicalismo llega al poder y el movimiento obrero toma tanta fuerza como los ejércitos para-militares que intentan detener sus demandas.
 
 
 
 
Retomemos desde la caída de Juárez Celman.  Estamos en el año 1892 y gracias al apoyo de Pellegrini  y Figuro Alcorta –que eran opositores Roca–, Roque Sáenz Peña tiene todo para llegar al poder. Sin embargo, Mitre y Roca, logran ingeniar una jugada política e imponer a su padre, Luis Sáenz Peña,  como candidato presidencial. Luis llega al poder de la mano de los sectores más conservadores, en oposición a su hijo Roque quien pretendía enfrentarse a Estados Unidos y terminar con el fraude electoral, entre otras propuestas “revolucionarias” para la época.
Por otra parte, la Unión Cívica Radical –ahora liderada por Hipólito Yrigoyen– seguía siendo la primera oposición a los gobiernos conservadores.  En 1905, un alzamiento radical apresa al vicepresidente Figueroa Alcorta, pero finalmente es derrotado.
Recién en 1910 llegará el turno para Roque Sáenz Peña, quien toma el poder por la misma vía que lo había hecho su padre: el fraude electoral. Sin embargo, con ideas menos conservadoras que su colegas, Roque mantiene una reunión secreta con Yrigoyen en septiembre de 1910 buscando el apoyo del radicalismo. Yrigoyen le declara al presidente la necesidad sine qua non de abrir la urnas.  Finalmente en 1812, la ley Sáenz Peña fue un hecho. El padrón electoral estaba establecido a partir de las listas formadas por integrantes del servicio militar obligatorio. El voto se convierte en obligatorio, secreto y universal, aunque esta última característica sea relativa. Los habilitados a votar tenían que ser mayores de 18 años, hombres nativos o naturalizados. Quedaban excluidos mendigos, militares, clérigos, mujeres, dementes, extranjeros, convictos, entre otras minorías. Las primeras elecciones provinciales las ganó el radicalismo en Entre Ríos y Santa Fe y al mismo tiempo el socialismo aumentó su bancada.
No obstante, en 1914, estalla la Primera Guerra Mundial en Europa y, Argentina, toma una posición neutral ante el conflicto. La enfermedad del presidente Sáenz Peña avanzaba y su muerte en agosto de 1914, dio lugar a la personalidad de Victorino de La Plaza, su vicepresidente y ahora nuevo Primer Mandatario. Sin embargo, en abril de 1916, se sucedieron las primeras elecciones presidenciales bajo la Ley Sáenz Peña. Por el socialismo fueron Juan B. Justo – Repetto; los demócratas progresistas con Lisandro de la Torre y Carbó; los conservadores con Rojas – Serú y; el radicalismo, con Yrigoyen – Luna. La victoria de Hipólito Yrigoyen fue abultada, ya que obtuvo casi 3 veces los votos que obtuvieron los conservadores. La asunción del nuevo presidente fue distinta a las que se venían sucediendo en los salones aristocráticos-conservadores de puertas cerradas. Yrigoyen asumió con el pueblo en las calles, coreando su nombre y festejando el cambio de régimen.
Pero a Yrigoyen no le fue fácil gobernar en su primer período al frente de la Casa Rosada. Su gabinete presidencial estaba en su mayoría compuesto por grandes terratenientes afiliados a la Sociedad Rural y la mayoría del parlamento estaba compuesto por conservadores. En efecto, de 80 propuestas de ley enviadas por el ejecutivo al parlamento, fueron aprobadas sólo 26.
En 1918, Córdoba se volvió epicentro de un conflicto importante que marcará un punto de inflexión de allí en adelante para la educación argentina. Fue la reforma universitaria de 1918. En nuestro país, la educación superior estaba estrechamente ligada al catolicismo; el gobierno de las universidades emulaba los claustros cerrados del poder político previos a la victoria radical y; las cátedras no gozaban de libertad ni orientación secular alguna. Así las demandas de los estudiantes eran autonomía, libertad de Cátedra, educación pública y gratuita y co-gobierno. El presidente Yrigoyen envió a uno de sus ministros para aplicar las demandas de los estudiantes, pero esto no sucedió, sino que fue elegido un rector conservador y ultra-católico. Una nueva huelga estudiantil hizo renunciar al nuevo rector y finalmente la reforma pudo ser plasmada.
La Primera Guerra mundial y años de malas cosechas provocaron en nuestro país una fuerte crisis económica que afectó al campo. De esta forma muchos campesinos se trasladan a los centros urbanos en busca de empleo, cuestión que amplía el nivel de desempleo en las ciudades. Entre 1916 y 1919, la inflación aumenta casi un 100%. La crisis obligó a La Argentina a fabricar localmente lo que antes importaba. Así comenzaron a crecer en número las fábricas y con ellas, el movimiento obrero. Mientras los obreros se organizaban y las huelgas en busca de derechos laborales se multiplicaban, en contrapartida los capitalistas argentinos forman la Asociación Nacional del Trabajo (ANT), una agrupación de carácter oligarca con representantes de sectores ligados al comercio, a las exportaciones y a los ferrocarriles, entre otros. La ANT ponía a disposición de los capitalistas, un grupo armado para-militar para romper huelgas.
En 1919, una huelga de 2500 obreros de los talleres metalúrgicos Vanesa Hnos. se da lugar en lo que hoy conocemos como intersección entre Gral. Urquiza y Constitución. En un enfrentamiento entre obreros y rompe-huelgas (apoyados por la policía), resultan 4 obreros muertos y más de 30 heridos. Luego de éste hecho, la central obrera convocó a una huelga nacional en protesta por los acontecimientos sucedidos. Así, una multitudinaria manifestación acompaña a los cadáveres hacia el cementerio de la Chacarita. Desde adentro de una iglesia, policías disparan a la multitud.  Pero al llegar al cementerio todo fue peor, porque ocultos entre las tumbas estaban miembros de la policía y el ejército, quienes dispararon a mansalva sobre la multitud. Los focos de manifestación obrera se expanden por toda la ciudad y aquella semana fue conocida como “la semana trágica”.
La policía federal, integrantes del ejército y la marina –como el Teniente Dellepiane–, junto a sectores eclesiásticos –como el liderado por Monseñor D’andrea–, daban lugar a la represión contra la masa obrera. Pero la máxima expresión del anti-obrerismo fue La Liga Patriótica Argentina (LPA). Al mando de Manuel Carlés, La LPA se constituye como un grupo para-militar en contra de los obreros y extranjeros. Armados y financiados por sectores oligarcas, irrumpen en barrios obreros y conventillos, en busca de sindicalistas y huelguistas para apresarlos o matarlos. Esta organización iba en contra no sólo de los obreros sino también de las minorías, como por ejemplo el pueblo judío. El gobierno era cómplice de éste tipo de actos y, en efecto, hasta el Ministro del Interior reclutaba gente. Así vemos como en su primer presidencia, Yrigpyen demostró ser un presidente elegido y apoyado por el pueblo, quien se acercó a los sectores sindicales y abrió las primeras puertas a la clase media, mientras que al mismo tiempo se desentendió –siendo así cómplice—de las constantes represiones para con las manifestaciones obreras.
CONTINUARÁ….

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