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¿Qué es eso del "Islam"?

En la cultura popular de nuestro país, las bases de la religión islámica se aprenden sólo en algunos colegios. Yacen ideas que van desde verlo como una religión exótica, hasta asociarla con el terrorismo.
“¿Sos Musulmán? ¿Y dónde vas a poner la bomba?”. Parecen dos preguntas indisociables que exceden el chiste fácil. Sin embargo, para empezar ésta nota con su propio final: no hay nada en los orígenes de la religión islámica que se asocie a éste tipo de comportamientos. Sucede que en los tiempos que nos ha tocado vivir a los contemporáneos, los ejes centrales del poder político, económico, militar y cultural, le pertenecen a Occidente y más precisamente a Europa y los Estados Unidos. Aunque muchas personas lo ignoren, sus construcciones cognitivas, desde la familia hasta el colegio y la universidad, están atravesadas de forma trasversal por las corrientes culturales que provienen de dichos ejes de poder global. Es lo que algunos autores han osado llamar “Imperialismo Cultural”. Éste concepto supone que aquellos países con mayor capacidad de movilizar recursos más allá de sus fronteras nacionales, controlan en cierto modo gran parte de información a escala mundial. Esto se aplica desde una serie de televisión, hasta una película, libros, revistas, teorías y hasta la ropa que vestimos todos los días. Son símbolos ajenos que muchas personas toman como propios, naturales, aunque estén muy lejos de serlo en verdad.
El Islam no está exento a las fuerzas del imperialismo cultural. De hecho, ha sido una de sus mayores víctimas en las últimas décadas. Esto sucedió porque tanto Europa como Estados Unidos, han tenido intereses muy específicos en las zonas geográficas donde el Islam tiene una mayor presencia concreta y concentrada, nos referimos a Oriente Medio o al Norte de África, donde podemos situar los orígenes de la religión islámica. Éstos intereses de los países centrales para con los recursos de los islámicos han sido motivo suficiente para generar ciertas informaciones tergiversadas acerca del modo de vida de los musulmanes, para que sus “formas inmorales” sirvan de pretexto que den pie a invasiones en pos de “la libertad”, “la democracia”, “la moralidad”, “la civilización” o hasta “la dignidad y la preservación de los derechos humanos”. Cierto es que las invasiones que han sufrido los países islámicos como Iraq o Afganistán, lejos han estado de contribuir a la construcción de aquellos valores, sino que más bien han aportado mucho en destruirlos del todo si es que escaseaban –al igual que escasean en la mayoría del planeta–.
Por hacer una breve reseña, el Islam es mucho más que “poner bombas” y no tiene nada que ver con el terrorismo. Como dijimos anteriormente, de hecho, cuestiones como “inmolarse” o ejercer actos de terrorismo, están terminantemente prohibidos en la religión islámica, que basa sus preceptos y valores en el Sagrado Corán, el libro sagrado de los musulmanes que descendió milagrosamente desde Dios hasta el profeta Muhammad, o Mahoma en español. Muchas personas creen, además, que el Dios de los musulmanes es un Dios muy distinto al de los judíos o los cristianos (católicos), cuando en verdad, el Islam es una de las tres religiones monoteístas más grandes de la historia, las cuales adoran a un mismo Dios, que no tiene ninguna diferencia de una religión a otra. La confusión quizás se centre en la palabra que los musulmanes utilizan para nombrar a Dios: “Allah” o “Al-lah”. Allah, significa Dios en árabe. Más precisamente significa “El Dios”, lo que hace referencia a la principal creencia monoteísta, que refiere que hay un sólo Dios y no muchos. De hecho, la palabra Dios deriva del griego “Deus” que a su vez deriva de la palabra “Zeus” que era el nombre del dios de todos los dioses del Olimpo en las antiguas creencias griegas. Por ende, “Dios” es una forma imperfecta de nombrar a Dios (valga la redundancia), pues hace referencia al politeísmo. Muchos cristianos ignoran que Jesús hablaba hebreo, una lengua similar al árabe y al nombrar a Dios, decía “Allah”.
El Islam se basa en cinco pilares que son la base de la religión. El primero es el testimonio de fe, donde para ser musulmán corresponde dar testimonio de que “no hay Dios sino Allah y que Muhammad es su mensajero”. El segundo refiere a los rezos que el musulmán debe realizar todos los días. Son cinco y tienen horarios específicos. El tercero es la limosna, que indica la transferencia de un porcentaje de la riqueza anual de un musulmán, hacia otro musulmán más pobre. El cuarto es el ayuno del mes de Ramadán –los pueblos islámicos se rigen por un calendario distinto al nuestro–, mes sagrado porque en él fue que se reveló el Corán al Profeta Muhammad. En el mes de Ramadán, los musulmanes se abstienen de comer, beber y tener relaciones sexuales desde que sale el sol hasta que se oculta. Es un sacrificio en nombre de Dios, una forma de alabanza. El quinto y último pilar refiere a la peregrinación a La Meca, es decir, visitar la ciudad de Arabia Saudita donde vivía el Profeta y donde fue revelado el Corán. Si las circunstancias económicas se lo permiten, un musulmán debe visitar por lo menos una vez en su vida La Meca y peregrinar en La Ka’aba, la primer casa construida para adorar a Allah.
Algunos grupos fundamentalista (minorías dentro del Islam), han tergiversado el mensaje original del Corán, mezclando religión con nacionalismo. Así han utilizado al Islam como bandera de sus luchas políticas, territoriales y de identidad árabe-nacional. Pero ese no es el mensaje del Islam citado en el Sagrado Corán. Estos grupos con o sin fundamentos, han luchado contra las opresiones en nombre del Islam y han provocado actos terroristas en nombre de Allah, lo cual no quiere decir que un musulmán es un terrorista por decantación, ni mucho menos. Si yo entro a un colegio y mato a 19 niños con una escopeta al grito de “¡Viva Cristina Kirchner!”, no tendría mucho sentido decir que las agrupaciones La Cámpora y Colina son terroristas por apoyar a Cristina. Lo mismo sucede en el Islam. La construcción abstracta y arbitraria de “musulmán-árabe-terrorista” es un invento de los medios de comunicación masivo con origen en los centros de poder mundiales. Por desgracia, el común de la gente repite lo que escucha y reproduce lo que ve, como si fuese la verdad. Pero como dijimos al principio de esta nota que comenzó con su final, los conceptos de Islam y terrorismo, no tienen ninguna correlación ni teórica ni teológica.

 

Siempre es mejor saber para opinar, que opinar creyendo saber.

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