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Brasil: ¿Crece de verdad o exageran de a mentiritas?

La polémica de la semana es acerca de si Brasil crece económicamente de forma cierta o si medios opositores tergiversan la verdad por mera oposición.

Si hay algo que no se puede refutar a los seguidores del kirchnerismo, es que, efectivamente, gran parte de los medios de comunicación de nuestro país, suelen hablar maravillas de la política económica brasilera. Cuando uno lee los titulares de algunos diarios, hasta pareciese que Brasil vive los años dorados del capitalismo en el Siglo XXI. Pero… ¿es así? O en todo caso, ¿es tan así?

Bueno, en principio todo depende del tipo ideal que uno construya con “crecimiento económico” como concepto categórico analítico. Es decir, es preciso establecer qué parámetros uno tiene en cuenta dentro de ese tipo ideal como para instrumentalizar aquella proposición que osa afirmar aquellas descripciones sobre un fenómeno en particular.

 

No podemos, por ser una nota de un periódico, realizar aquí un debate conceptual-analítico acerca de la ponderación de algunos parámetros sobre otros, cuestión que nos permitiría sesgar el análisis hacia una delimitación más clara. Pero lo que sí podemos hacer brevemente, es una escueta comparación de las variables macroecómicas de ambos países más conocidas por el lector no ávido en tecnicismos económicos, junto con una breve descripción de las herramientas de inserción comercial internacional con que cada país cuenta al día de hoy.
Estas serían las variables macroeconómicas básicas. Datos según el Centro de Economía Internacional basado en el BCRA:

 

                  VARIABLE
ARGENTINA
BRASIL
Promedio PIB real     
5.4%
3.9%
Inversión interna bruta    en % PBI (2001-2001)
21.4%
17%
Inversión extranjera directa (2001-2001)*
$ 55.4
$ 255.2
Desempleo (2011)
7.6%
6%
Nivel de inflación
11.4%
7.6%
Exportación de bienes (total 2001-2011)
$ 537.119
$ 1.513.8
Reservas internacionales (2011)
$ 46.376
$ 352.012

*promedio anual en millones de dólares

Vayamos ahora al tipo de inserción que cada país tiene en el sistema económico-comercial internacional. Como dice el economista Walter Bitar (profesor de finanzas en la facultad de Cs. Económicas de la UBA), “En el sistema capitalista, el mundo hace las veces de shopping. Los países tienen como menester poner cada uno su stand en el shopping. Las rentas a obtener son variables, pues dependen de la cantidad y calidad de lo que ofrezcas en tu stand. Ahora si… hay algo claro: si no tenés stand, estás afuera”. Veamos la diversificación de la canasta exportadora de ambos, por sectores:

 

                    SECTOR
ARGENTINA
BRASIL
Productos primarios*   
$ 19.6
$ 122.5
Semi-manufacturas*
$ 27.55
$ 36
Manufacturas*
$ 28.4
$ 92.3
Otros (servicios, energía, combustible)*
$ 6.37
$ 5.25
Total
$ 81.9
$256
*en millones de dólares, año 2011

 

Analizando las variables expuestas, es, antes que nada, interesante ver el crecimiento de ambos países respecto a otros períodos históricos de fuerte decaimiento económico. Sin embargo, según la cuestión que nos compete, no parece ser tan desvirtuado el rol de notorio crecimiento que algunos medios de comunicación le otorgan a Brasil. De hecho, salvo respecto al crecimiento del PBI real y los niveles de inversión interna, el país vecino nos aventaja en todos los demás índices. Cabe destacar, que la contrastación entre PBI y nivel de precios (inflación -medida según INDEC que podría ser en verdad bastante mayor según otros índices), sitúa a ambos países prácticamente en el mismo nivel de crecimiento. En relación al nivel de inversión, parece cierto que nuestro país ha invertido más, cuestión que tanto se le critica por su aparente deficiencia, sin embargo, hacia dónde va esa inversión, es un tema que merece una nota aparte.

 

 

 

Lo cierto es que intentando ver a ambos países en una dimensión inter-temporal, al analizar su inserción al mercado internacional, la diferencia entre Argentina y Brasil es relevante. En primera instancia, porque Brasil supera nuestra capacidad de exportación en todo los rubros -salvo uno- y principalmente en el más dinámico del mundo económico contemporáneo: manufacturas de origen industrial, puesto que éste sector es el que refiere un mayor nivel de valor agregado. Hemos tenido en cuenta para analizar ambas canastas exportadoras sólo un año, pero revisando los demás años del decenio aquí presentado, la variación no es relevante sino escueta.
 
A grandes rasgos es fácil identificar que ambos países utilizan de forma eficiente sus ventajas comparativas como productores de materias primas, aprovechando los altos precios del mercado internacional. No obstante, es evidente que Brasil ha sabido invertir bien en su sector industrial no sólo por lo que éstos números reflejan, sino también aquellos que lo sitúan como 5° economía del mundo. Es importante nombrar aquí la creación del BNDES, un banco para el desarrollo industrial que otorga crédito a tasas muy bajas para fomentar la competitividad no precio, ya que la competitividad precio se ve afectada por el constante ingreso de capitales.
Sin insertar otra tabla de datos económicos, es indudable también el déficit de cuenta comercial real amplio que tiene Argentina, el cual no se refleja en los números por la restricción de importaciones pero que no sólo es amplio y se centra en el sector energético sino que es el principal responsable del actual cepo cambiario implementado por el gobierno.
Es indefectible admitir que mientras gran parte de la producción argentina sigue dependiendo del dinamismo del sector agropecuario y sus derivados, Brasil se proponga otro rol en el mercado mundial, por ejemplo, como uno de los únicos países exportadores de aviones (EMBRAER) y un país con grandes crecimientos en los niveles de exportación de software (ley de protección intelectual de 1998). Esto figura en consonancia con el gran flujo de capitales hacia Brasil, que ven en dicho país grandes oportunidades para hacer negocios al mismo tiempo que aprecian la moneda brasilera y generan déficits de cuenta corriente.
En síntesis, la diferencia entre la economía argentina y la brasilera no es fundamentalmente nominal entre índices económicos, sino estructural, entre un proyecto de corto plazo y uno de largo, sostenido, sustentable y mucho menos dependiente de los precios internacionales respecto a los productos básicos.

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