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Cromañon: "Circo y Pan", la fórmula de la justicia argentina

“… por eso trato de creer en la justicia de mi país. País al que amo por sobre todas las cosas”. 
Así termina la última carta abierta que escribió Patricio Santos Fontanet, el ex-cantante de la banda de Rock “Callejeros”. Fue su última oportunidad de expresarse previo a que la justicia argentina (por llamarla de alguna forma) dictara la orden de encarcelamiento inmediato a los acusados por el juicio de la tragedia de Cromañon, la locación que al sufrir un incendio terminó con la vida de 194 personas, entre fanáticos, amigos y familiares de la banda. “Pato”, como se conoce al líder de la ya inexistente banda de Rock, expresó sus últimas palabras en libertad intentando depositar sus pocas esperanzas en una justicia nacional que según él y muchos más, lo juzgaba de forma errónea. No es en vano recordar que Pato, al igual que los demás músicos acusados, es sobreviviente y víctima de la tragedia. Sin embargo, la justicia argentina cree obrar de forma recta encarcelando no sólo al gerenciador del boliche, a su socio y al manager de la banda, sino también a los músicos que tocaron esa noche y hasta al escenografo que armó la decoración (un dato curioso). No sólo los integrantes de la banda deben pagar por las 194 vidas perdidas, sino que cada uno de ellos tiene una culpabilidad distinta, lo que demuestra un procedimiento detallado y minucioso de evaluación de las penas por parte de la Corte. Si los encarcelados precisan apelar, deben esperar el proceso tras las rejas. Al enterarse de su condena, Pato Santos Fontanet (que fue padre 6 meses atrás) fue internado en una clínica psiquiátrica de la que no puede ser retirado ni aún bajo orden judicial. Muchos dudan de la veracidad de su brote psicótico aduciendo que puede ser una estrategia para evitar el encarcelamiento.
Como siempre se da en los casos más controvertidos, hay diversas opiniones acerca de la pena que recae sobre los distintos acusados. Recordemos que en la primera instancia del juicio, los músicos de la banda habían resultado absueltos, mostrando la primera de las aristas contradictorias de la justicia nacional. Pero sin entrar en detalles jurídicos, apelamos al sentido común y al uso que una sociedad hace de la justicia. Si creyésemos en la eficiencia de la justicia argentina, deberíamos creer que es justo que una banda de Rock pague, junto a otros, por una tragedia que se llevó 194 vidas, pero desde un principio, la afirmación empieza a tornarse extraña, ruidosa, poco convincente. Sucede que no parece muy lógico cargar con tanta culpabilidad a músicos y artistas como responsables máximos de la seguridad social. Parece que cuando nos remontamos a la lógica que sostiene a la estructura del Estado-Nación actual, encontramos al Estado como el contralor de la Nación, como el aparato institucional encargado de velar por la seguridad social, al mismo tiempo que por la salud, la educación, la defensa, entre otros tantos menesteres. Parecería extraño encarcelar músicos porque existan índices altos de desnutrición en el Chaco, por los altos niveles de deserción escolar o porque nuestras Islas Malvinas están ocupadas por una potencia extranjera. Parecería raro porque asuntos de esa índole, están asignados al rol del Estado, que ha sido creado por la sociedad, justamente, para que sea la institución responsable de ejercer esas funciones y palear esos problemas. Sin embargo, parece que la seguridad es en éste caso una excepción, y que el Estado ejerce su rol de juzgar y de punir, una vez que la seguridad social ha fallado, una cuestión que el mismo Estado debió atender pero no hizo.
En éste blog no tenemos la verdad absoluta de nada, ni mucho menos pretendemos reformular filosóficamente el concepto de justicia; sólo creemos que “lo justo” está bastante alejado de lo que en el caso Cromañon muchos llaman “hacer justicia”. A decir verdad, se hizo justicia porque 6 pibes que tenían una banda que la estaba pegando están presos, dando una respuesta a 194 familias sedientas de justicia, llenas de congojas, inundadas de desazón y hasta tapadas de rencor. Se hizo justicia porque se respondió a la demanda social de que algunas almas vivas paguen por 194 que ya no gozan de ese derecho divino. Se hizo justicia porque después de 8 años hay unos cuantos capitalistas mercenarios del Rock que van a pasar los próximos aniversarios de Cromañon tras las rejas. Pero che… ey… argentinos… eso, de “justo”, no tiene nada. Esa respuesta estatal a la demanda nacional es tan estúpida como inocente, es tan culpable como banal. Atiendan gente… así no se crea una sociedad más justa, un Estado más eficiente, una naciôn más satisfecha y felíz, un país más digno. Así se tapan baches, se esconden verdades, se sigue viviendo en la superficialidad de la realidad sin atender lo profundo de los problemas. Esto no transforma una tragedia en una evolución de una sociedad que por analogía, aprende de los errores del pasado para no verlos repetidos en el futuro, mayor sentido común que tiene la justicia. Esto no nos transmite nada de eso, nada. Porque justo… justo sería otra cosa muchachos. Justo sería que el Estado sea el contralor que precisamos que sea, para que de una vez por todas no esperemos que la seguridad social caiga del cielo, porque eso… no va a pasar. Justo sería que se haga un juicio político serio para que los funcionarios públicos en ejercicio paguen por sus omisiones, por el incumplimiento de sus funciones, por su negligencia. Justo sería que aquellos ejecutores de las herramientas que la sociedad le da al Estado con el pago de sus impuestos !y con sus votos!, se hagan responsables de lo que no vieron, de lo que permitieron sucediese. Porque no me hace falta pensar mucho para caer en la cuenta que nadie votó a Chabán y a Villarreal para que no sean mercenarios del Rock, ni nadie votó a Argañaraz o a Santos Fontanet para que no quieran vender más entradas de las que correspondían, nadie votó a los coimeros de los inspectores, policías, bomberos y funcionarios para que no habiliten un lugar en condiciones deplorables. Lo que votamos fueron autoridades competentes con herramientas suficientes (o no, esa es otra cuestión) para que impidan y prevean el accionar de toda esa manga de irresponsables que nombramos antes. Porque aunque a muchos les duela, ser un pelotudo es un derecho adquirido y ser un hijo de puta también. Para eso tenemos un Estado, para que los pelotudos e hijos de puta no afloren, no puedan ejercer su infinidad de negligencias. Porque ni los músicos de Callejeros ni siquiera el mercenario del manager tienen la responsabilidad de chequear que los techos sean inifugos, ni que las puertas de emergencia estén habilitadas, ni que las escaleras y salidas estén señalizadas. Eso no es menester de 6 músicos, eso es un rol que debe ejercer el Estado, que es la única institución legítima elegida por el pueblo, por la misma sociedad para así arbitrar los medios oportunos para que funcionarios, inspectores, policías y/o bomberos constaten que el lugar cumpla con las condiciones necesarias, !pero sin coimear en el medio! Si el lugar está habilitado y yo soy manager o músico, voy y toco, ¿dónde está lo siniestro compañeros? No comamos vidrio que la garganta se nos puede cortar al tragarlos.
Ahora el país es más justo porque empresarios inescrupulosos como Chabán y Villarreal están presos, pero el Estado sigue siendo igual de coimero y corrupto que lo era antes del 30/12/2004 y las habilitaciones truchas yacen a granel, pero ojo… !hay 6 pibes de una banda de Rock presos, Eureka! ¿Cuándo nos vamos a despertar Argentina, cuándo? El máximo representante del Estado al momento de la tragedia, el gobernador de Buenos Aires, no sólo ya no es un acusado sino que es diputado y sigue ejerciendo funciones políticas, sigue siendo contralor de la seguridad social, !pero que Santos Fontanet siga haciendo música es una aberración, divina opinión pública! La justicia con su fórmula de “Circo y Pan” le da fundamentos a gente como mi compañera de oficina para que cuando ponga una canción de Callejeros me diga “sacá a esos asesinos”. “Asesinos”… así los trata la justicia y los imberbes representantes del estupidismo social repiten la zoncera… qué indignación insana. Avalan a los chivos expiatorios y a los testaferros del poder, no pueden ver que los verdaderos responsables están en la calle. Bueno, “en la calle” es una forma de decir, porque es por donde menos se los ve. En verdad viven en los countries y barrios privados, rodeados de seguridad y todo tipo de comodidades que pueden pagar gracias a los impuestos y a los votos del pueblo. Pero no sólo eso, disfrutan de tales beneficios a costas de las vidas que dejan escapar por no cumplir eficientemente su labor de funcionarios públicos y son apañados por los imberbes que festejan el encarcelamiento de una banda de Rock como el puro reflejo “da la justicia social”… ¿será una “Casi Justicia Social”?
“Justo”, en términos de Platón y su República, sería que cada cual ejerza el rol social que le correponde: que el funcionario público sea contralor de aquello que compete a la seguridad social, que el inspector inspeccione, que el bombero constate, que el policiía asegure, que el empresario haga sus negocios sin coimear a nadie, que el manager de Rock confirme sus fechas sin tener que revisar las salidas de emergencia del lugar donde va a tocar la banda, que el cantante de la banda de Rock cante, los músicos toquen y el artista se encargue del arte, no que sean responsables morales de controlar que un pibito de 15 años (¿cómo carajo entró?) prenda o no una candela en un lugar cerrado, una banda de Rock es una banda de Rock, no portadores públicos de la voz de la instrucción cívica. Comienzan a hablar de cuestiones morales divinas como “si el cantanta hubiese dicho que sino apagaban la candela el show no seguía”, como si fuese tan fácil saber el número de la lotería antes que salga. Se quedan en la teoría sin ver la realidad, la realidad del Rock, que mal o bien, a quien le pese, siempre estuvo lleno de irresponsabilidades, pirotecnia, borrachos, drogas, quilomberos, etc. ¿O ahora las bandas pesadas del Rock las inventó Callejeros? ¿O ahora la apología de la pirotecnia la inventó Pato Santos Fontanet? Larguemos el vidrio mi gente…
No quiero un país donde haya una banda de Rock presa pagando por las negligencias del poder y conformando a la sed de venganza de unos pocos que representan a tantos; quiero, por el contrario, un país donde los negligentes estén presos y paguen por todas esas bandas de Rock que se apagan en el anonimato por no poder tocar. No se olviden que Cromañon está en todos lados, todos los días: está en el Sarmiento que choca en la estación de Once, en los barrios que se inundan después de dos gotas de lluvia, en las centrales eléctricas que no funcionan, en los hospitales sin insumos, en las cárceles atestadas, en las cloacas que desbordan, en el Riachuelo que mata a los pibes que viven en La Rivera. Cromañon no es un boliche con las puertas de emergencia cerradas ni el resultado de los negocios turbios entre empresarios mercenarios y un manager poco lúcido. Tampoco es la consecuencia de la falta de moral de una banda de Rock ni de la apología a la pirotecnia de un grupo de inadaptados sociales. Cromañon es el resultado de un contralor ineficiente, o aún peor, inexistente. Es la retirada del Estado del cumplimiento de un menester esencial por demás: la seguridad social. Es la aberración de ver a los responsables políticos libres y ejerciendo nuevos cargos públicos. Es la repetición de la zoncera una y otra vez.
La resolución por el juicio de Cromañon, es el producto de la fórmula favorita de la justicia argentina: “Circo y Pan, como siempre fue acá…”

pd: a los invisibles, por siempre.

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