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Estados Unidos, el país de la libertad… para matar

 

A well regulated Militia, being necessary to the security of a free State, 
the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed.”
 
[Segunda Enmienda de la Constitución Nacional de Estados Unidos de América, 1791]


 
Mientras muchos piensan que Estados Unidos sólo tiene capacidad y prestancia para cargarse vidas más allá de sus fronteras, aparece siempre un nuevo producto de una de las sociedades más violentas del mundo para cargarse compatriotas. Hoy, en Newton, Connecticut, Estados Unidos de América, un joven de 24 años (Ryan Lanza) atacó una escuela provocando un tiroteo con la policía local que dio como resultado unos 27 muertos (entre ellos 18 niños) y más de 20 heridos graves, según fuentes de prensa de aquel país (las estadísticas no están aún precisadas). Pero no es noticia que no sea noticia un hecho de tal envergadura por esos horizontes, como no lo es un bombardeo de Israel en la franja de Gaza ni una invasión estadounidense a algún país petrolero de Oriente Medio en pos de “llevar la democracia al mundo”; no es noticia que Cuba siga bloqueada comercialmente por la flota estadounidense ni que el país del Norte se niegue a ratificar Tratados de Derechos Humanos referentes a abolir la pena de muerte, la tortura o simplemente no emanar gases tóxicos que destruyen el medio ambiente del planeta todo. Nada de esto es noticia porque es algo así como una certidumbre, algo que damos por establecido.
Justamente por establecido, da Estados Unidos en la Segunda Enmienda de su Constitución Nacional, que el poseer un arma es un derecho civil, como votar o gozar del espacio público. Sin embargo, en el país de las libertades, esto es posible para cualquier ciudadano recién a partir de 1968 cuando se derogaron las leyes racistas que impedían a las minorías y a los negros derechos que hasta entonces sólo correspondían a los blancos, como la tenencia legal de armas para defensa personal o el simple derecho de poder viajar en la parte de adelante de los transportes públicos (los negros eran obligados a viajar en la parte de atrás).
En Estados Unidos hay derechos que son inalienables como bien lo explica la teoría contractualista. Entre ellos se encuentra la propiedad privada, la libertad de expresión, la tenencia de armas para “defensa personal”, entre otros. Parece que disparar a mansalva es sin duda un derecho garantizado en la sociedad estadounidense, aunque no tan garantizado como la salud o la educación de grado públicas, que de hecho no existen. Lo que sí existe es un mercado fuerte y consolidado de todo tipo de armamento, desde pistolas automáticas hasta ametralladoras, rifles y sus respectivas municiones, que pueden encontrarse en supermercados como Wal-Mart o la bóveda de un banco, que ofrece rifles de regalo al abrir una cuenta bancaria. Esto es normal en Estados Unidos, porque allí la violencia social es normal, tan normal como para que masacres como la de hoy en Newton sean un patrón social de los últimos 20 años. Parece que las ventajas del “free market” y la consecuente voraz competencia de mercado junto con la pasividad del “gun control” hacen de Estados Unidos un país “top five” en el ranking de ciudades que sufren masacres o atentados de orden social interno. La diferencia con otros países que también sufren comúnmente éste tipo de perturbaciones es que la sociedad estadounidense es una sola:  no hay divisiones conflictivas de tipo “judíos contra palestinos”, ni “árabes contra católicos”, ni “vascos independentistas contra el yugo opresor del gobierno español”. Sólo hay personas libres, tan libres como para adquirir fácilmente un arma y disparar a quemarropas sobre niños en una escuela (o espectadores de una avant premiere en un cine). Parece que en el país de la libertad, la riqueza, la modernización, la vanguardia tecnológica y el crecimiento económico-social, es más peligroso dibujar casitas en kindergarten o ver el estreno de Batman en primera fila, que caminar por barrios carenciados escasos de alumbrado, barrido y limpieza y repletos de delincuencia, hambre y vandalismo.
Estados Unidos no sólo heredó de su colonia Gran Bretaña la eficiencia de las instituciones económicas y las ventajas del proteccionismo primero y el librecambio después, sino que también heredó la conducta social violenta, propia de pueblos guerreros, enemigos de la paz, aunque paralelamente sean falsos profetas de la misma libertad que profesan al teñirla impunemente con las tintas de la democracia.
Sin embargo, el país del que hablamos es la economía número uno del mundo y parece a su vez la cultura más esparcida por el globo. Recordemos que los estadounidenses no sólo controlan el sistema financiero mundial sino también los medios de comunicación y las instituciones internacionales (entre otras normas del sistema internacional propias de la imposición de la potencia de turno -un turno que va para los 100 años-). Pero hay algo más que controlan los estadounidenses, lo que quizás sea su arma más valiosa… las ideas de un pueblo que les es propio y las de muchas personas que residen en otros que les son bien ajenos. Así los pueblos del mundo se olvidan que la economía no es un Dios omnipotente que todo lo puede y que las instituciones estadounidenses están tan manchadas como las de cualquier otro país. Muchos hombres y mujeres ajenos al Estado del Norte están convencidos que imitar sus costumbres, sus hábitos y su relativa eficiencia es la solución al subdesarrollo, al “supuesto atraso cultural que nos condena desde la independencia”; creen que es la salida del tercer mundo, la puerta hacia el desarrollo. Pero Estados Unidos no es sólo autos con Playstations 3 en los respaldos de los asientos delanteros del auto, fiestas universitarias tan sexys como descocadas y persecuciones policiales eficientes… es también un país con un déficit de desarrollo psico-social gravísimo. Es un país que muestra, al 2012, herramientas legales avaladas -lógicamente por el mismo Estado- para el sostén de la barbarie, esa barbarie que tanto nos adjudicaban a los sudamericanos que pretendíamos forjar nuestras raíces allá por el siglo XIX, igual que lo estaban haciendo ellos desde algunos años más atrás. Estados Unidos es sin duda un reflejo de violencia externa e interna avalada por el Estado y sus leyes, lo cual es aún mucho más bárbaro que en otras partes del mundo donde el Estado no puede detener el vandalismo o el caos social, porque no encuentra herramientas y no porque los crea hechos naturales. En Estados Unidos, conseguir un arma de forma legal es tan fácil como en Argentina encontrar una vaca…. y les aseguro, que en mi país, hay a montones.
Quizás hay que tener más cuidado cuando elegimos “aquello que queremos ser” o “todo eso que queremos imitar de los demás”.
Fuentes: 

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