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Zonceras Argentinas contemporáneas / Zoncera N° 1

 

Lamentablemente, ya no contamos con ese gran pensador argentino que fue Arturo Jauretche. No contamos ni con su grata presencia ni con lo hábil y preciso de su pluma. Sin embargo, sí contamos con sus enseñanzas, estampadas en sus libros de forma inoxidables, para que todas las generaciones posteriores a su muerte, tengan aún vigente lo genial de su existencia.
Entre tantos legados escritos que nos dejó Jauretche, uno de los más importantes ha sido el manual de zonceras argentinas, donde nos cuenta, detalladamente, todas aquellas falsas verdades, que por repetirse sistemática e intertemporalmente, yacen en el inconsciente argentino como certezas impolutas e inapelables, aunque ciertamente, sean del todo falsas. Si bien Jauretche ha enumerado unas cuantas, no por eso lo ha hecho con todas, y no es esto negligencia del autor, sino producto del paso del tiempo, que, en ausencia del creador del manual, ha instituído zonceras nuevas o consolidado otras zonceras viejas que precisaban de repetirse más para transformarse de mera vacilación finalmente en zoncera concreta. Es así que éste blog, en homenaje a ese genio inolvidable que perteneció a Arturo Jauretche, pretende aportar nuevas zonceras, que bien se ha dicho, o son nuevas, o responden a la afirmación en suelo argentino, de dudas existenciales que aunque falsas, se han repetido tantas veces, que el paso de los años las han dotado de un alto grado –ilegítimo– de veracidad.

 

 
Zoncera Contemporánea N°1:  “Argentina, país bananero…”

 

                           
Muchos argentinos que han nacido y pasado su vida en estas tierras, prefieren seguir en ellas sin revisar la historia que las ha visto madurar o simplemente yacer imperturbables. No revisan la historia porque han nacido con el vicio de la comodidad, aquel que convierte al hombre (en un sentido liberal) en un ser racional con un fin principal que es la maximización de sus beneficios individuales. Y es de esperarse, que cuando uno sólo aboga por su bonanza particular, desatienda los intereses de la colectividad, que para el caso es la nación. Así se vuelven seres ahistóricos que repiten las zonceras que escuchan de los zonzos más antiguos, pues por comodidad, siempre es mejor repetir que pensar.
Y los zonzos ven que el país retrocede más que las veces que avanza y mostrando una suerte de ciclos de auge y caída, otorga fundamento a los zonzos jóvenes, que –repitiendo las zonceras de los más viejos– dicen que éste “es un país bananero”, refiriendo que no tenemos más destino sino ser para el mundo proveedores de bienes sin valor agregado, puesto que no está en nuestra esencia la valorización intrínseca de nuestra capacidad de producción. Lo ven así porque su vida es un álbum de fotos que por más que pueda captar en imágenes estáticas todos los momentos de la historia, no deja por eso de ser un resumen justamente estático, que nunca adquiere movimiento alguno. Si lograsen dar dinamismo a esas imágenes que guardan en su mente, entenderían a la historia argentina como un reflejo de repetitivos procesos que han buscado que el país sea para el mundo fuente de valor agregado y no proveedor de bananas. Pero como no se preocupan por desatar los nudos de la historia, se hacen solamente con los desenlaces, los cuales muchas veces por culpa argentina pero otras tantas no, parecen ser todos finales poco felices.
Lo cierto es que Argentina no es un país bananero porque sea de Sudamérica  ni lo es por poseer grandes porciones de territorio fértil y escasa población. No lo es tampoco por tener recursos humanos poco capacitados (de hechos tiene de los más capacitados del planeta) y mucho menos por ser un país con escasos capitales (ya que sean endógenos o exógenos, rara vez han faltado). Nos hemos destacado históricamente por ser productores de materias primas por dos razones que pueden englobar a otras tantas. La primera es que hemos sido víctimas de todas las fases existentes del imperialismo comercial capitalista y hemos vivido por mucho tiempo, bajo el yugo opresor británico para alternarlo luego por la hegemonía estadounidense (¿pasaremos a vivir bajo el yugo oriental?). Sucede que ambas potencias, conscientes del potencial de una Argentina para nada bananera, movilizaron todos los recursos posibles a su alcance para que muchos argentinos más zonzos que la zoncera que estamos relatando, crean que producir bananas era lo mejor para la nación. Y justamente de éste hecho se desprende la otra razón y es la existencia histórica de un núcleo argentino de cuerpo pero extranjero de alma, que en consonancia con los que suelen repetir el título de esta zoncera, fueron conquistados siempre por la ideología extranjera, dejando al país desprotegido de un pensamiento nacional propio. Así se aliaron al consejo extranjero y se convencieron de las ideas foráneas, que no eran otras sino las mismas que dan pie hoy a los argentinos de dudoso patriotismo, a que esbocen frases como las que dan vida y obra a esta zoncera. Como aquellos hombres se convencieron de la ideología extranjera, adoptaron la idea de que Argentina tenía un sólo destino: ser un país bananero que se integre al sistema económico internacional como un mísero proveedor de materias primas. Lo pensaron así porque así lo pensaba Gran Bretaña (el ejemplo a seguir), pero también lo hicieron porque en base a eso acumularon cuantiosas ganancias particulares que, a costa del resto de la nación, consolidaron un núcleo terrateniente exportador de materias primas que será -casi por el resto de los tiempos hasta la actualidad- el sector más dinámico del país, pero también, aquel renuente a la redistribución de la riqueza y a la re-inversión en los sectores que en su nacimiento, son menos productivos como la industria. La triada potencia extranjera – terrateniente exportador y gobierno cómplice de la acumulación de riquezas por parte de un grupo muy reducido, será la mejor síntesis del origen de esa frase que hoy (los que precisamente deberían desvivirse para cambiar esa realidad), no dejan de repetir como si eso los beneficiase en algo. Parece que no se dan cuenta que su afirmación de la zoncera la hace cierta para ellos mismos, la traslada a sus hijos y los condena a la periferia económica, mientras los que son verdaderamente protagonistas de la zoncera (los que venden las bananas), son los que se toman las vacaciones a Europa… esas tan ansiadas por los mismos zonzos que le bancan la zoncera… vaya metáfora.
Y éste es el verdadero origen de esta zoncera contemporánea que encuentra eco en las bocas de muchos argentinos que caracterizan a su país de bananero, menospreciándolo, juzgándolo de incapaz, lo que es, sin duda, una zoncera embarazada a punto de dar luz una zoncerita, puesto que los países no son capaces o incapaces… esta es una característica, como mucho, propia a las naciones y vaya casualidad que las naciones, no son sino el reflejo colectivo de las acciones de cada uno de sus integrantes, los cuales o se auto-denotan incapaces, o, a veces, pecan de ser poco más que zonzos.

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