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El Kirchnerismo keynesiano… ¿con o sin Keynes?

Como no puede pensarse al comunismo sin Marx ni al liberalismo sin Smith, no puede pensarse al Keynesianismo sin Keynes. Sin ir más lejos, hasta la conformación del nombre de ese tipo de políticas económicas es una derivación del apellido de su creador: John Maynard Keynes, un filósofo y comerciante británico que nació a fines del siglo XIX y murió a mediados del siglo XX. Keynes dejó entre los hombres y entre la ciencia económica y política, muchas respuestas que hicieron las veces de alternativas a los modelos ortodoxos clásicos que rigieron desde el nacimiento del capitalismo hasta la gran crisis de 1929 que azotó al mundo capitalista, dando letra al auge del marxismo y el mundo en donde había llegado la Revolución socialista. Esos postulados clásicos revivieron en forma de neo-liberalismo en los años ’70 del siglo XX pero sin dejar de ser hijos del liberalismo económico fundado por Adam Smith y David Ricardo, entre otros.
Los liberales creían que el Estado y el Mercado eran dos espacios distintos, los cuales, en lo posible, no debían jamás verse las caras ni entrometerse uno en la vida del otro. ¿Por qué? Simplemente porque el mercado tenía dos características básicas que lo hacían auto-suficiente: una, su tendencia perpetua hacia el equilibrio constante producto de la actuación de una suerte de mano invisible que por detrás de todo lo visible, sería capaz de regular cualquier desfasaje existente entre las dos caras de una misma moneda (o de una misma economía): la oferta y la demanda. La otra característica, derivada de la primera, es, justamente, la capacidad que tienen los mercados de auto-regularse, es decir, que tienen la capacidad de ser autónomos y no precisan de la regulación pública -es decir estatal- para corregir sus propias fallas. El liberalismo simplificaba la economía de manera formidable: el mercado lo haría todo, bien o mal, lo haría todo. Regularía siempre la oferta y la demanda, sea cual fuese el costo que ello conlleve y no debería pedir ningún tipo de ayuda al Estado, puesto que la intromisión de éste en el natural curso de aquello que se llamaba economía, era un obstáculo antes que una solución.
Sin embargo, la crisis de 1929, mostró que la base del pensamiento económico liberal, tenía sus falencias. Producto de una crisis de sobre-producción, en la que se ofertó mucho más de lo que se podía demandar, el mercado intentó ajustarse bajando los precios, pero siquiera de esa forma pudo sostener el dinamismo de la actividad económica. Las palabras recesión, desempleo y hambre, signaron emblemática y negativamente, una década que para muchos fue mejor olvidar. Las directrices de los ortodoxos no hicieron más que profundizar la crisis en la que el desempleo generó una baja total del consumo (demanda) y al no existir quien demande, el exceso de oferta se mantuvo hasta ser insostenible. Sólo una mirada distinta de los procesos económicos podía revertir la situación. Esa mirada estuvo en manos del pensamiento de Keynes, quien con políticas totalmente contrapuestas y revolucionarias en relación a la ortodoxia liberal, logró modificar el progresivo receso que había generado la crisis en el nivel de actividad.
Como esta es una nota de actualidad y no pretende ser una revisión histórico-analítica de las políticas keynesianas, las nombraremos a grandes rasgos y en forma de títulos que nos puedan dar una noción general de los postulados de Keynes. Sucede que era imposible (para lectores en verdad interesados en el tema), responderse a la pregunta que es título de esta nota, sin introducir antes nociones básicas del tema en el lector desprevenido de las teorías económicas vigentes en la contemporaneidad del capitalismo.
Básicamente, Keynes proponía, en contraposición de los clásicos liberales, que la existencia de fallas o desfasajes en el mercado era irrefutable y que el poder de auto-regulación de los mercados era una ilusión. La única posibilidad lógica de reparar las fallas del mercado era a partir de una fuerte intervención estatal en la economía. El estado era capaz ahora de atacar directamente los males del desempleo y la caída del consumo (aquello que Keynes veía como el problema central que llevaba a la recesión de la economía). Así se aconsejó al Estado que tome no sólo el rol de regulador sino también que intervenga directamente, ajustando los fallos y hasta haciendo las veces de productor si fuese necesario. En síntesis,  que realice toda aquella actividad que el sector privado era incapaz de realizar. Ahora, el Estado sería capaz de crear empresas, expropiar aquellas que estuvieran por cerrar -y así aumentar el desempleo-, podría emplear mano de obra directamente por medio del aumento del gasto público e incentivar la creación de puestos de trabajo expandiendo la oferta monetaria y bajando la tasa de interés para desincentivar el atesoramiento convirtiéndolo en consumo e inversión. Keynes fue así el fundador del llamado “Estado de Bienestar” que se encargaría de tener a la búsqueda del pleno empleo y al crecimiento de la demanda (como motor de la oferta) como pilares fundamentales del crecimiento económico. Keynes entendía que una economía no podía crecer jamás sin garantizar niveles casi inexistentes de desempleo y que, en principio, tanto la creación de empleo productivo como la de empleo improductivo, era herramienta válida para salir de una crisis profunda. Sin embargo, el creador de las políticas anti-cíclicas (que van en contra del proceso económico vigente), era bien consciente de que la creación de puestos de trabajo improductivos debía ser sólo circunstancial para poder así salir de la crisis en base al aumento de la demanda (los seguros de desempleo cumplían esta misma función). No obstante, sólo el empleo productivo era aquel que en verdad contaba con un valor intrínseco, puesto que solamente éste tipo de empleo, permite al ser humano valerse de sus propios medios y ser útil a lo social. Ninguna subvención ni asistencialismo social pueden ser más valiosos que aquel trabajo que permite al hombre, fruto de sus manos y/o su mente, valerse de todo aquello que no precisa que otro le brinde.
La República Argentina sufrió una profunda crisis económica que desencadenó una caída total del sistema bancario y financiero en el año 2001. Dicha crisis tuvo repercusiones económicas notorias como la caída del nivel de actividad, la consecuente recesión y el desmedido aumento del desempleo, sub-empleo y las condiciones laborales precarias en las que se encontraron los pocos que todavía contaban con un puesto de trabajo. Estos índices negativos sumados a la suba total del riesgo país producto de la incapacidad total argentina para pagar la deuda externa, incentivó aún más el racionamiento de crédito para con nuestro país. La industria nacional desmantelada por los procesos militares y las políticas neo-liberales de los años ’90, eran signos de otro punto débil más que caracterizaba a nuestro país, sobre todo en relación de la imperante necesidad de creación de puestos de trabajo. Tan terrible escenario sólo tuvo salida de la mano de las anteriormente descritas políticas keynesianas, adoptadas primera y tibiamente por la presidencia interina de Eduardo Dhualde y consolidadas junto a un proyecto de país con la asunción de Néstor Kirchner, tras elecciones populares en el año 2003.
Sin dudas que Argentina de la mano del Gobierno de Néstor Kirchner, comenzó a salir de la crisis gracias a la aplicación de políticas keynesianas que se enfocaron directamente a la demanda y al pleno empleo. Así se bajaron tasas altísimas de más de 25% de desempleo que se arrastraban desde la última década del siglo XX, llegando a disminuir hasta un 7%. La mayoría del empleo creado fue a base de sueldos muy deteriorados que apenas cubrían las necesidades básicas. Con políticas de redistribución y asistencialismo social, el gobierno sacó adelante una crisis que había hecho tocar fondo al país. Argentina se cerró al mercado de capitales extranjeros pero acumuló divisas devaluando el tipo de cambio favoreciendo así al sector agro-exportador (léase el campo), que fue el motor de la economía vía retenciones a la exportación. El sector agropecuario apoyado por el tipo de cambio nominal y los ahistóricamente elevados precios de los productos primarios del mercado internacional, cosechó -valga la metáfora- cuantiosas ganancias, y el Estado se vio en la obligación de redistribuir a los sectores menos dinámicos dichos beneficios. A su vez, expandió la oferta monetaria y acumuló reservas. Se desligó del FMI pagando con partes de dichas reservas todo lo adeudado al Fondo, pero no por eso se desligó demasiado de la deuda externa que si bien mermó en términos relativos (en relación al PBI argentino en alza), creció en términos absolutos. El Estado se hizo cargo de algunas empresas como YPF o las AFJP, las cuales consideraba de funcionalidad ineficiente. El Estado incrementó notoriamente el gasto público y así contribuyó aún más a la creación de trabajo.
Sin dudas, podemos encontrar fácilmente a Keynes en las primeras medidas tomadas por el kirchnerismo para salir de la crisis del 2001. Se implementaron políticas llamadas anti-cíclicas, es decir, que iban en contra del ciclo económico que indicaba recesión, desempleo, necesidad de ajustes drásticos, reducción del gasto público, etc. Utilizando la teoría general de Keynes, se hizo lo contrario: se aumentó el gasto público a la vez que el asistencialismo social por medio de planes trabajar, asignaciones familiares y subsidios improductivos, que por ser improductivos no eran menos que valiosos para motorizar la economía y recuperar el nivel de actividad. A corto plazo, Keynes indicaba que algunas políticas que parecían improductivas, contribuían al aumento de la Demanda Agregada y eso no podía sino tener una recuperación positiva mucho más rápida que las políticas de austeridad fiscal y recorte de gastos. Pero… ¿cuántos años corresponden a un plazo corto? El kirchnerismo ya lleva casi una década al poder si tomamos a los gobiernos del presidente Kircher y su mujer Cristina Fernández. En épocas de recesión y caída del nivel de actividad, Argentina aplicó políticas anti-cíclicas como dice el manual de Keynes. Y funcionaron muy bien. Luego, Argentina comenzó a crecer, casi a lo que se dice “tasas chinas” o por lo menos cerca, creciendo más de un 7% anual (con excepción de 2009 producto de la crisis financiera internacional que prácticamente no afectó a nuestro país). Pero cuando nuestro país creció, las políticas anti-cíclicas desaparecieron y comenzaron las pro-cíclicas. Es decir, cuando el país empezó a acercarse al pleno empleo y el nivel de actividad subió considerablemente, el gobierno no comenzó a soltarle la mano a aquellos que habían sido subsidiados para salir de la crisis en forma circunstancial. Parece que los costos políticos pesaron más que seguir fiel a Keynes y en vez de mermar el gasto público, se gastó más y en vez de usar la otra formulita que nos dio Keynes (Oferta Agregada) para aumentar la producción y generar así un equilibrio, se siguió apuntando al consumo, que por supuesto se disparó por los aires generando un fuerte desequilibrio económico. Ese desequilibrio tiene nombre y se llama inflación. Cuando la inflación supera los dos dígitos, puede interpretarse como un síntoma de que algo… no anda muy bien. Y la inflación fue de dos dígitos; pero no sólo eso, sino que también se hizo sistemática y progresiva. La inflación hizo subir indirectamente la tasa de interés, puesto que sino un depósito en pesos valdría lo que vale un helado al sol.
Todo indica parecer que algo falló en el medio de las recetas de Keynes. Esto parece haber sido la redistribución, que lejos de pecar de no inclusiva, lo fue por demás, pero apuntó solamente a un sector de la sociedad que accedió a nuevas posibilidades de consumo (por fin), pero sin que eso genere una sustentabilidad intrínseca. Es decir, esas personas no se vieron dotadas de puestos de trabajo productivos que con el tiempo reflejen crecimientos de salario real y un aumento relevante del poder adquisitivo para no precisar más depender de los “subsidios que se dan a los pobres” y poder exigir con sus salarios pagar más por mejores servicios (trenes que no maten gente, luz que no se corte cada aire acondicionado por medio que se prende, estaciones de servicio con combustible, etc.). Por lo contrario, las políticas siguieron siendo “eternamente circunstanciales” y las subvenciones parecen ser un callejón sin salida. La producción no puede alcanzar a la demanda y la crisis del ’29 parece asomarse a menor escala y a la inversa en nuestro país (siendo de sobre-demanda). El proceso de industrialización nacional es confuso y si uno es un fiel kirchnerista dice que va “viento en popa”; si uno es opositor dice que es “una mentira hecha realidad por los voceros oficialistas”; ahora, si uno no es ni uno ni otro, no entiende mucho si el polo industrial de Tierra del Fuego es productivo a largo plazo o un muy mal invento de corto. Los subsidios improductivos se han vuelto ya no un arma del Estado, sino una espada clavada en una piedra  muy pero muy difícil de sacar. La inflación se hace insostenible y corroe no sólo el poder adquisitivo de aquel que consiguió el trabajo que no tenía en los ’90, sino que además no clarifica el horizonte para el inversor (y no hablamos de las grandes empresas sino el horizonte del pequeño y mediano empresario argentino que no confía mucho en los índices del INDEC). La tasa de interés sube, siendo Argentina, hoy en día, el país con la tasa nominal más alta del mundo -aunque curiosamente la tasa de interés real sea negativa-, ¿Tendrá algo que ver la inflación?. Difícil ver a Keynes en esa realidad… La creación de empleo se hace cada vez más costosa porque el proceso de industrialización parece truncado o por lo menos avanzar a pasos muy lentos. El sector automotriz absorbe muy poca mano de obra y ni hablar del polo “productor” en Tierra del Fuego. La exportación de materias primas tiene escaso valor agregado y por ende, escasa mano de obra en su producción que es prácticamente nula. Parece que el kirchnerismo keynesiano ha estado con Keynes para luego estar sin Keynes.
Siempre hay tiempo para corregirse, la historia no se detiene…

4 Comentarios en El Kirchnerismo keynesiano… ¿con o sin Keynes?

  1. El articulo en si, esta muy bueno, pero tengo algunas acotaciones para hacer… Me parece que la parte mas importante es la falta (o poca) mencion de la dimension politica de todo el proceso mencionado, que a veces fuerza los errores o incongruencias que se adivinan en el articulo.
    No te olvides que muchas de las politicas de asistencialismo generan, por un lado fuertes rechazos en sectores aun muy influyentes de la sociedad, que o no ven que el consumo impulsa la economia, o piensan que seria mas eficiente aplicarlo en otro lado (“incentivos a las inversiones” con facilidad para generar ganancias) y por otro la inercia de sectores de bajos recursos que se acostumbran a recibir en vez de ganarse las cosas (clientelismo, que aunque no esta tan difundido como se quiere hacer creer desde ciertos circulos, existe e incluso es una fuente de fuerza para cualquier gobierno. Si, incluso este.)
    Esta resistencia se traduce en trabas y presiones para que se discontinue o se estanquen estas politicas

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  2. Por otra parte a la mencion de la inflacion como un problema que se cierne yo le agregaria algo que dijo una vez docampo que me parecio iluminador: La relacion que tiene la inflacion con la estructura impositiva del pais. Con un sistema regresivo en que la mayor parte de la recaudacion impositiva es a las transacciones, la inflacion es una fuente de ingresos importante. Para poner un ejemplo: desde que el precio de un producto aumenta (y por ende por su venta aumentan los ingresos por IVA) hasta que el estado concede aumento de sueldos (y por ende sus gastos, o los de la industria) hay un “periodo de gracia” en el cual la brecha entre lo que se recauda y lo que se gasta aumenta.
    Creo que este no es un dato menor, aunque lo he puesto muy simplificado (pero no creo que tengas problemas en ver donde voy con esto). Es una de las razones por las que (creo yo) el gobierno no hace esfuerzos muy grandes para reducir la inflacion.
    Tambien, vos que sabes la formula, intervenir para reducir la inflacion se puede hacer de tres maneras:
    – Reducir los costos de produccion: permitir bajar/congelar sueldos (olvidalo) o mejorar la eficiencia con tecnologia (aca si hay intentos, aunque no todo lo fuertes que a uno le gustaria)
    – Tocar las ganancias de los empresarios: Reducir el margen de ganancias (lo cual se intenta, pero genera mucha resistencia porque no hay “incentivos para las inversiones”. especialment en aquellos empresarios acostumbrados a los margenes de ganancias de tres digitos de los 90s) o captar parte de esas ganancias y redistribuirlas (mismo problema, sumado a la muy real posibilidad de problemas en como se redistribuye)
    – Poner control de precios (esto es lo que hace moreno, timidamente y fijate como lo fajan).

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  3. No olvidemos tambien que la especulacion es un factor importante en la inflacion y aqui es dificil que el gobierno tenga mucha incidencia directa. El mecanismo que normalmente regula eso es la “sancion” por parte del consumidor, pero con la imagen de que la inflacion es culpa del gobierno, el consumidor castiga a este ultimo… y sigue comprando. E incluso en los casos en que la demanda cae los comerciantes han encontrado una manera de incentivar el consumo sin bajar los precios: las promociones. Si ven que un producto no se vende bien, lo promocionan para subir un poco la demanda y luego la promocion se termina y vuelven al mismo precio sin que el cliente se enoje.
    Un caso claro de la diferencia de impacto entre las dos opciones lo vi claramente con las compras con tarjeta hace unos 15 años: Laburando una empresa informatica para laboratorios de fotos me di cuenta que el sistema ponia un recargo por tarjeta de credito. Lo cual estaba prohibido por las mismas tarjetas, obviamente. Como hacer para que el cliente no proteste? Se hacia lo contrario: se hacia un descuento “por pagar al contado”. Similar a lo que te mencionaba antes: No bajar precios, hacer promociones. Ves donde voy? de alguna manera se consiguen esquivar uno o mas de los contrapesos y controles intrinsecos del funcionamiento del mercado… Pero el caso es que si a esta continua reduccion (temporal, obvio, pero va alternandose) de precios, sumamos a que la inflacion esta mas alto de lo que dice el INDEC (que lo hace por motivos de “bonos”) pero no tanto como dice la oposicion (debe estar alrededor del 22-25%, se puede usar las paritarias como referencia) y que varios servicios estan subvencionados (como el transporte, la salud y la educacion) la inflacion real al publico en general se podria considerar como menor aun.
    Aunque si, aun es mas alta de lo deseable, pero no es EL gran problema que aparenta ser. En otros paises puede haber menos inflacion, pero los sueldos estan clavados y hay que pagar hasta por cruzar la calle… y es importante tener en cuenta estos factores “ocultos” cuando se compara con esos otros paises…

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  4. Respecto al tema del cambio de subsidios improductivos a subsidios productivos (lo de la generacion de trabajo) creo que es un proceso mas largo y arduo, sujeto a trabas y presiones tanto desde adentro (aquellos sectores que exportan materias primas) como desde afuera (aquellos actores que ven un competidor mas surgiendo) e incluso sin esos, tarda tiempo. Tiempo en adecuar las capacidades de la poblacion, la legislacion y el “know-how”. El polo de tierra del fuego es aun una incognita, como decis, pero he visto que mientras antes solo se armaban los celulares (por mencionar un ejemplo que uso bittar aquella vez) ahora tambien se produce un par de otras piezas. Creo que en el caso de tierra del fuego vamos a tener que esperar y ver, puesto que depende de otros factores inescrutables, politicos, sociales y tecnologicos…
    Pero tambien veo la reactivacion de SIAM, el avance del INVAP, de la industria audiovisual, informatica y otros. No solo veo el aglomerado automotriz avanzando…

    Pero si, tambien veo nubes en el horizonte. No solo la intromision de EEUU cada vez mas activa en Latinoamerica, la crisis Europea o la meseta china, sino la perdida de competitividad por la inflacion, el desgaste politico, la corrupcion que se reformula y empieza a infectar a este gobierno tambien, la diferencia de velocidad entre el desarrollo industrial y el enquilosamiento del clientelismo y la ubicacion en la vereda de enfrente de cada vez mas resabios del modelo antiguo que todavia tienen poder (y que se cayeron de este lado, como moyano, scioli y de la sota).

    No se como va a terminar todo, pero recuerdo las palabras de mi instructor de vuelo: “cuando comenzas a volar, dios te da una bolsa llena de suerte y una vacia de experiencia. Ambas te salvan del peligro, pero tenes que tratar de llenar la segunda mas rapido de lo que se te vacia la primera. Si te quedas con las dos vacias al mismo tiempo, sos boleta”

    Saludos, camarada!

    Manu

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