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¿La marcha del odio o la expresión del "otro popular"?

 

“El objeto de Lavalle era el que yo me encargase
del mando del ejército y provincia de Buenos Aires y transase con las
demás provincias a fin de garantir, por mi parte y la de los demás gobernadores,
a los autores del movimiento del 1° de diciembre, pero usted conocerá
que en el estado de exaltación a que han llegado las pasiones, era absolutamente
imposible reunir los partidos en cuestión sin que quede otro arbitrio
que el exterminio de uno de ellos.
Carta a O’Higgins del Gral. Don José de San Martín,
 luego del ofrecimiento de Juan Lavalle el 6 de febrero de 1929
para que se haga cargo del gobierno de Buenos Aires.
Cuando vi en los medios de comunicación y en las redes sociales, las repercusiones acerca de la manifestación contra el gobierno vigente, recordé una conversación entre Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas, donde el unitario le contaba al federal, que los unitarios -incapaces de gobernar-, le habían ofrecido el gobierno a San Martín, pero que él lo rechazó diciendo algo así como que los veía “tan apasionados y divididos, que la construcción de una nación justa y soberana, era imposible…”
Me acordé de esa situación histórica, porque a pesar de las diferencias (por suerte esta vez no pasa de un encontronazo ideológico) estamos cada vez más cerca, de encontrarnos con un episodio similar, en el cual la nación se divide en dos grandes grupos políticos antagónicos. En aquellos tiempos, estos grupos fueron llamados unitarios y federales; hoy, kirchneristas y opositores. En política, las dualidades pueden (¿o deben?) ser productivas, porque el debate es intrínsecamente productivo y suele dar un producto que es la razón, hija del acuerdo entre los distintos pensamientos de los seres humanos. Sin embargo, existe un elemento (también propio del hombre), que vuelve a esa dualidad no sólo improductiva sino también peligrosa: la pasión. Las pasiones son sentimientos potenciados que agitan el alma hasta un punto de ebullición que puede lograr alejar a los hombres de la razón y abrazar la subjetividad. En la Argentina de hoy, no importa qué haga el gobierno, o está muy bien o está muy mal. El debate político está ausente, porque la oposición está tan fragmentada que no consigue afianzar una contraopinión concreta y sustentable, y el oficialismo está tan convencido de ser la única respuesta a todas las preguntas, que toma decisiones cada vez más unilateralmente. Esta falta de congenio entre las distintas fuerzas políticas del país, sólo produce más división en la sociedad. Muy lejos de una guerra civil, el país entra en una guerra mediatica, donde gracias a las redes sociales, todos somos opinólogos, periodistas, potenciales economistas y futuros políticos. El debate político, se ausenta de la estructura convencional de partidos y desciende al individualismo, en donde cada hombre y mujer decide por sí mismos qué es lo mejor para el país y lo expresa de forma individual, pero nada decide, puesto que no tiene poder de acción, más que ser un grano de arena en esa playa gigantezca que es la opinión pública. Cuando algunas de esas expresiones individuales encuentran coro y confluyen (aunque quizás casualmente) entre sí y no con total simetría, dan como resultado una marcha como la de los últimos días, en donde no se sabe bien por qué se reclama pero existe un factor común: “algo anda mal”.
Éste blog, que intenta yacer lo más cercano a la objetividad posible, ve un gobierno que pretende sostener un modelo en decadencia. Un modelo que ha quedado desincronizado de la dinámica que la realidad impone en lo económico y en lo social. Ve un gobierno que ha rescatado a un país de una crisis histórica, en base a trabajo e inclusión social, pero que no supo extender esa inclusión sino que, por el contrario, la transformó en una exclusión progresiva. Y lamentablemente, el mundo de hoy, nos demuestra que no todos somos iguales. En base a problemas auto-generados, éste gobierno -sin dudas nacional y popular como pocos en la historia-, le ha dado fundamentos a un núcleo antipatriótico, que velando sola y únicamente por sus intereses individuales, ha logrado arrastrar a la clase media de ascenso incipiente, a una protesta, que aunque aún siendo bastante personalista, es también lógica, justa y legítima.
Estructural o sitémicamente, vemos éste hecho como la crisis de un Estado de bienestar sobrecargado (una vez más), que le da fundamentos a la derecha anti-nacional, para juntar votos que intenten cambiar la desgastada realidad.
Entendemos a los siguientes puntos como los principales motivos que el gobierno se auto-generó -pudiéndo evitarlos-:
  • El sostenimiento de subsidios improductivos -al combustible, a la energía, al gas y al transporte-, que en la época de crisis, motorizaron a la economía, pero que luego, en la fase de crecimiento sostenido (casi 10 años creciendo al 7% promedio), siguió soportando desde el Estado, algo que no es estatal sino privado, desviando así los fondos hacia sectores no productivos.
    ¿Son lógicos los precios del gas, la luz y los transportes? Si son tan baratos, ¿por qué no son directamente gratuitos? ¿Podemos exigir mayor calidad y cantidad en estos servicios, sino admitimos que los precios están atrasados? ¿Por que quitar los subsidios genera malestar social? ¿Será que sin ellos, no podríamos vivir por no poder pagar los insumos básicos igual que en la crisis de 2001?
     
  • La mala gestión de YPF, la cual el Estado controlaba su concesión y en vez de quitarla y dársela a otro grupo empresario que la ejecute mejor, salió a expropiarla haciéndola valer nada en el mercado y prometiendo producción a mediano y largo plazo cuando el problema de déficit comercial es urgente, tanto que salimos a pedirle por favor a Angola y Venezuela que nos vendan petroleo más barato para que el deficit comercial no nos tape. Nadie cuestiona una decisión política de devolverle al Estado el control de un recurso estratégico como el petroleo, pero ¿realmente tenemos el control? ¿O en verdad no tenemos el ahorro suficiente para producirlo y precisamos de las manos extranjeras para ello? ¿Estamos buscando “socios comerciales y planificando la economía” o simplemente “pasando de un collar a otro”? Para pensar… 
  • La implementación de un cepo cambiario para que nadie compre moneda extranjera, justificando la “pesificación de la economía” cuando, en verdad, no podemos admitir que la inflación hace cuatro años que supera el 20%, haciéndose insostenible. La pérdida de valor de la moneda nacional, se traduce en desconfianza de los ahorristas, a los cuales se los obliga unilateralmente a conservar una moneda la cual su valor se erosiona cada minuto que pasa.
    ¿No sería mejor pesificar el país en base a una moneda sólida, con un respaldo real que inspire a los ahorristas el dejar de pensar en dólares para así fortalecer la economía argentina y su moneda? ¿Es mejor obligarlos para que se cree un mercado paralelo que termine siendo al fin y al cabo el que marque una “devaluación indirecta”?
  • La inflación no sólo corroe el poder adquisitivo de los sectores trabajadores, sino también al sector productivo empresarial, es decir, al empresario PYME que supuestamente se pretende proteger. 
  • La implementación de una restriccion a un elevadísimo porcentaje de importaciones, cuando, en verdad, existe un porcentaje mucho menor de productos con equivalencia de producción nacional que se fabrica -o se busca fabricar- realmente en el país.
    ¿No será que se pretenden frenar importaciones para que la balanza comercial -la cual parece ser la única variable macroeconómica que tiene cuenta el gobierno- siga dando superávit cuando en verdad daría déficit producto de la gran necesidad argentina de importar combustible principalmente gas boliviano y petroleo de Venezuela y Angola?
     
  • El proceso de “industrialización nacional”, ha demostrado avanzar y retroceder al mismo tiempo, por sobre todo en Tierra del Fuego, donde ya todos sabemos que poco producimos y mucho ensamblamos. Generamos pocos puestos de trabajo y apuntamos a una competitividad-precio que no podrá posicionarnos por sobre China, debido a la expertise que los últimos treinta años le han dado al gigante asiático en la prodcucción de manufacturas.
    ¿No sería mejor pensar una especialización industrial en aquellos sectores en los que Argentina cuenta con una ventaja comparativa como incorporar valor agregado a la exportación de comoddities o desarrollar profundamente la industria farmaceutica? ¿O quizás especializarnos en la producción de todas aquellas manufacturas que rodean al proceso productivo agroexportador que tantos beneficios le ha dado a éste gobierno vía retenciones?
Tristemente, algunas decisiones tomadas unilateralmente, han dado pie a estas manifestaciones, que sin dudas contienen un núcleo anti-nacional que es motor principal de reclamos personalistas. Pero sea cual sea su núcleo, el malestar ronda en ese “otro popular” que no milita en La Cámpora ni en Colina, porque también ese “otro” se quiere hacer escuchar, porque no está conforme. Las buenas políticas que llevaron a éste gobierno a mantenerse casi una década en el poder, ese ascenso social que estuvo a punto de ocurrir, dio esperanzas a una clase media que hoy se ve defraudada, porque siente que cuando llegó el momento de poder ahorrar (la variable que genera el salto social de los que pueden no vivir al día), cuando llegó el momento de disponer de ese “algo más” que tanto esperamos los argentinos por tanto tiempo, aquella misma mano que nos empujó en 2003, nos frena en 2012. Cuando las libertades individuales se ven cohibidas con fundamentos vagos, el pueblo se hace escuchar, porque es el que vota pero también el que exige que aquellos que votó, cumplan lo que les es menester.
Ambos lados tienen fundamentos, pero todos son muy vagos. Seguramente la unión de ese enjambre de bronca y confusión, pueda dar a luz una actualidad un poco menos controvertida que la que nos toca vivir hoy. Desde el blog, a los manifestantes les pedimos que con respeto a las instituciones democráticas y al gobierno que más de medio país votó, reclamen con respeto, orden y paz, pero que no dejen de hacer oir (sin membretes ni sostenes corporativistas), a ese “otro popular” que clama por una argentina justa pero libre. Y al gobierno, le pedimos que continúe con la línea que comenzó éste proceso: la de la justicia y la inclusión; la de una argentina “para todos”, pero en donde “todos”, seamos todos y no “algunos todos”. Les recordamos a ambos mandos que los plebiscitos existen y ponerlos en práctica es válido y puede ser muy oportuno para calmar algunos ánimos que se tornan peligrosos.

2 Comentarios en ¿La marcha del odio o la expresión del "otro popular"?

  1. Sheva, en primer lugar, antes de hacer un comentario acerca de tu ultima nota, quisiera agradecerte por el espacio que nos estas regalando,es para aprovechar que halla al menos un espacio en el cual poder tener una visión más constructiva de esta nebulosa llamada “nación”. En primer termino, me surgió una duda leyendo el articulo, la cual surge a raíz de la falta de debate político impulsado por el oficialismo. Bien, ¿que herramientas se pueden impulsar para generar un debate del otro lado del charco? no es quizás la suma de opiniones individuales la que llevara a un debate fluido y serio? No creo que halla que castigar a que el debate se sostenga por esos medios que, reconozco no son los mas fructíferos puesto que no hay una linea que seguir, pero al menos mantienen viva una llama que encenderá otras llamas y ahí veremos los resultados. Nadie sabe si es a corto o largo plazo, pero sea cual sea, considero una bendición nacional el hecho de poder individualizar la política, no en un sentido de toma de decisión, pecando de egoísmo y apatía hacia la patria, sino en un sentido de entenderlo como una base para forjar algo nuevo, una nueva democracia, con mas discusiones que enciendan otras discusiones.

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  2. Gracias a vos por tu tiempo y por tu comentario. Pensar es mejor cuando es entre todos. Un fuerte abrazo.

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