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La deuda: el motor del mundo

Toda persona que se halle dentro del sistema capitalista contemporáneo, le debe algo a alguien. No existe, en éste sistema, ser humano que no tenga deuda alguna. Naturalmente, algunos tienen más deudas que otros, pero hay algo que es constante: todos tienen. Al adquirir un bien o un servicio, uno adquiere una deuda, que puede saldarse al instante o de forma posterior. Quien goza de un servicio público está contrayendo una deuda, la cual sabe deberá saldar en un futuro cercano. Puede que la acción del deber, figure entre las acciones más habituales del hombre post-moderno por detrás del respirar y el pestañar…
Pero deber no es sólo una acción, o sí lo es para unos pocos, aquellos que son conscientes de que pueden cumplir en el acto con todas sus deudas. Para el resto que no conforma éste grupo selecto, deber, es un modo de vida. El deber ejerce sobre la mente humana un efecto tal que puede llegar a adoctrinarla en base a un sólo fin: saldar la deuda. Sucede que éste proceso mental que comienza recordando la deuda y luego pergeniando los mecanismos necesarios para saldarla, tiene un fín que es falso, porque saldar la deuda no es un fin, sino un medio para la consecusión de otro posterior: contraer otra deuda. Nada termina al saldar la deuda más que esa misma. Pero como la vida del hombre es una constante e ininterminable concatenación de deudas, el saldar una deuda no es otra cosa sino la muerte que da paso a la vida, la desaparición de una deuda que provoca el nacimiento de otra.
El mundo funciona en base a la deuda porque es ésta la herramienta que permite realizar un juego complejo entre el presente y el futuro. Quienes se endeudan buscan un mejor presente y los que financian esa deuda un mejor futuro. Es un juego que nunca suma cero, por eso no es perfecto sino por el contrario desfasado e imperfecto. Todo billete en circulación, en cada billetera, en cada bolsillo, en cada caja registradora… representa una deuda -presente o futura- de una persona para con otra. La deuda no es sólo el producto de una decisión, de un proceso económico concreto, sino que es un instrumento válido por sí mismo, puede generar más deuda y hasta regenerarse en sí misma con el paso del tiempo. La deuda es aquel instrumento financiero que da pie al progreso y al desarrollo humano, a la vez que es un collar invisible que ahorca en base a un sistema simple pero complejo: la aplicación del interés. El interés es la munición del arma de fuego que es la deuda. La deuda no sólo es el resultado de la postergación o el fraccionamiento de un pago a través del tiempo; es también un fin en sí mismo que tiene un valor intrínseco, porque la deuda puede autogenerarse aún sin existir. Es decir, se puede crear deuda de la nada y utilizarla para refinanciarse. ¿Lógico o siniestro?
Quien toma una deuda, se ata a quien la financie; y al saldarse, se ata a otro y luego a otro, porque cuando la financiación no se destina a la inversión productiva sino al consumo, el interés se encarga de asesinar a esa acción inalcanzable que llámase “ahorrar”, y la falta de ahorro obliga a contraer más deuda y la deuda de uno es siempre financiada por otro, y entonces adivinnen qué… suele darse que siempre se endeudan los mismos y siempre financian los mismos. Entonces todo se vuelve una operación doble, triple, cuádruple, quíntuple, en la cual el dinero toma valor por sí mismo y se vuelve productivo cuando su fin no debería ser otro que un medio de cambio que facilite las operaciones concretas. Pero el dinero se hace a sí mismo de un valor intrínseco que toma forma a partir de la deuda.
Pero éste mecanismo no es tan simple, sino por demás complejo, porque la deuda ata al hombre como el collar de ahorque al animal y entonces el hombre y su fuerza de trabajo mediante, se hallan en la obligación inalterable de obtener un salario fijo que permita saldar los saldos parciales de la deuda. Así el trabajo se vuelve una herramienta indispensable para el fin que es la supervivencia primero y el pago de la deuda -durante y después-. Pero suele suceder que el mismo sector que financia las deudas convirtiéndo dinero en capital es el que provee la fuente de trabajo porque es el que controla el capital productivo que combinado con la industriosidad humana da como resultado la producción… ¡Vaya casualidad!
La deuda es sin dudas una ecuación matemática que termina en “absurdo”, pero como las crisis no son todos los días, no a menudo llegamos al final de la cuenta… y mientras la operación se puede ir realizando, el final, absurdo o felíz, poco importa. Sin deuda, no hay capitalismo; sin financiación, no hay desarrollo para el vuelgo; sin capital no hay producción a gran escala. Sin deuda… no hay más desarrollo capitalista post-moderno… ¿O sí?

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