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Manuel Dorrego, el ídolo olvidado

Si Hollywood hizo películas de historietas como Batman o Spiderman y de heroes como Indiana Jones, sin dudas podría hacer una igual de emocionante y atractiva sobre la vida de Manuel Dorrego.
Dorrego fue un soldado toda su vida. Un soldado defensor de su Patria, de sus intereses y de su pensamiento. Su patria fue la Patria Grande, esa por la cual peleó junto a hombres como Manuel Belgrano y José de San Martín. Sus intereses eran los valores sociales, la independencia, la libertad y el respeto a las instituciones. Su pensamiento fue el de un hombre comprometido con su nación, toda ella. Así fue que encarnó el pensamiento republicano de la Revolución Francesa y el Federal de la Revolución de Estados Unidos. Dorrego fue la sintésis, el resumen, la encarnación de nuestra formación como país en sus connotaciones positivas. Por supuesto que su ideal fracasó y renegaría de estar vivo, al ver una América Latina fragmentada y aún hoy, llena de intereses unitarios.
Manuel Dorrego fue un criollo hijo de padre portugués y judío y madre argentina y católica. No obtuvo el título de abogado por no dar los exámenes finales que correspondían, pero fue sin dudas un intelectual del pensamiento nacional y un hombre por demás ávido para las cuestiones de Gobierno y la cosa pública en general. Fue un abanderado de los humildes, los criollos, los orilleros, los hombres del interior y el orgullo nacional y latinoamericano. Fue un guerrero colosal, gigante, invencible, heroico, novelesco. Parecen exageradas tales descripciones pero así fue la vida de Dorrego, una sucesión de batallas, una tras otra, algunas en el campo de guerra, otras en el debate político.
Luego de estudiar abogacía en Chile formó parte de las primeras corrientes revolucionarias de ese país, obteniendo rango militar y un reconocimiento por ser uno de los primeros hombres en luchar por la patria chilena. Se enroló posteriormente como soldado voluntario sin percibir paga alguna en los ejércitos independentistas argentinos luchando bajo el mando de Belgrano contra las fuerzas realistas. No viene al caso describir la infinidad de actuaciones heroicas en el campo de batalla pero vale aclarar en forma de sintésis que tanto Belgrano como otros militares reconocidos de la época, han cargado sobre el sólo actuar de Dorrego en una batalla, el triunfo o las pocas conquistas que se hayan dado en la misma. Manuel Dorrego era un hombre ejemplo de valentía, de coraje, de cálculo, valor, voluntad, temperamento. Fue herido numerosas veces en pelea, pero jamás se dio por vencido. Así es que tenía su cuerpo muy deteriorado por las heridas sufridas a tal punto de caminar rengo por una en la pierna y tener la cabeza permanentemente hacia un lado por haber sufrido un balazo que le traspasó el cuello en una batalla de 1813. Fue un milagro su supervivencia, su recuperación y su vuelta a las contiendas, pero volvió.
Fue también en 1813 que herido gravemente en una pierna y tirado en medio de la balacera siguió incitando a los soldados restantes a pelear y negando ser atendido y quitado del teatro de operaciones, decidió seguir peleando en dichas condiciones justificándose al esbozo de una de sus frases más célebres:  

“Es preferible morir en el honroso campo de batalla que vivir envilecido esclavo del Rey”.

Su carácter revolucionario y decisivo lo llevó a enfrentamientos con sus pares y hasta con el mismo Belgrano, al cual llamo “godo” en su propia cara por haberlo separado del ejército libertador del norte que luego perderá dos desastrosas batallas como lo fueron las de Vilcapugio y Ayohuma. Será luego de tremendas derrotas que admitirá Belgrano: “…con Dorrego a mi lado el resultado hubiese sido distinto”. Posteriormente Dorrego volverá al ejército de la mano de San Martín quien le dará el cargo de Coronel.
Por su carácter federal y su vocación en pos del bienestar de las clases más humildes Dorrego fue desterrado del país por el Directorio gobernado por Pueyrredón, orden rebocada por el Congreso de Tucumán pero que nunca llegará a tiempo a oidos de Dorrego que ya había sido embarcado hacia centroamérica en un barco de piratas contrabandistas. También a esta experiencia supo sobrevivir Manuel siendo sin duda el mejor pirata.
Volvió al país y se mantuvo políticamente activo y defendió las instituciones nacionales aún cuando quienes estaban a cargo de ellas eran tenidos por Dorrego como traidores a la cuestión nacional. Sucede que como pseudo-abogado tenía a las leyes como principios inalterables. Y así fue como defendió a Rivadavia, uno de sus mayores adversarios en un intento de revolución y golpe interno en 1824.
Luego de la renuncia de Rivadavia en 1827, Dorrego se convirtió en Gobernador de Buenos Aires, cargo que ejerció por seis meses. En 1828, una conspiración unitaria que parece exceptuar a Rivadavia puso en manos del Gral. Lavalle un golpe de Estado que sin juicio ni fundamento válido alguno condenará a Dorrego al fusilamiento en 1828.
Con la muerte de Dorrego a los 42 años de edad, murieron los sueños de un hombre que luchó e intentó colaborar con gran impetud en la construcción de una Patria Grande y por un federalismo que integre a todas las Provincias Unidas del Río de La Plata bajo una misma unión política justa e igualitaria. Mataron así a Dorrego y a una de las partes más ricas y enorgullecedoras de nuestra historia: aquella que tuvo como protagonista al gran Coronel.
Sólo un hombre podrá poco más tarde vengar su muerte absurda encarnando sus ideales: Don Juan Manuel de Rosas.

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