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¿Cómo empezamos a ser pobres? Parte III

Como dijimos en la parte II, la polìtica del libre cambio se impuso oficialmente y por voluntad propia en Argentina desde 1809 gracias a Mariano Moreno y su victoria en el debate en el Cabildo. Decretado por la Primera Junta y reafirmado por los Triunviratos  y Directorios con Rivadavia a la cabeza, el librecambio y el fin de las industrias en formación que yacían al interior del país se violvieron realidad. Pero luego de la anarquía del año XX provocada por la batalla de Cepeda en la que dos caudillos representantes del interior (López y Ramírez), derrocaron al Directorio de Buenos Aires, el dilema entre LIBRECAMBIO vs. PROTECCIONISMO, se instaurará en el territorio argentino en otra dimensión más allá de la esfera economica: en la política. Dos hechos son lo más destacables a nuestro análisis de dicho período. En primer lugar, la emergencia de dos partidos políticos antagónicos, representantes de las dos posturas del dilema histórico ya bien conocido. Los unitarios serán los pro-librecambio y pugnarán por centralizar el poder del país en un gobierno fuerte (Buenos Aires) que regule y reduzca la autonomía de los poderes provinciales. Los federales, en cambio, serán pro-proteccionismo y prentenderán la conformación de un país con forma de federación, con un gobierno central, pero manteniendo la autonomía de las gobernaciones provinciales, las cuales en auto-conformidad se darían unión política y cederían atribuciones al poder central, como los asuntos de relaciones exteriores. El mayor representante de los unitarios fue Rivadavia; el de los federales, Dorrego.
Unitarios y federales se turnaron al poder desde 1820 hasta 1880, prácticamente todas las provincias tuvieron gobiernos de ambos partidos. La guerra civil entre unitarios y federales es sin duda la época más cruenta de nuestra historia y de las más perversas también.
Pero hay otra carácteristica importante que describe el período hasta 1852: la emergencia de las figuras de los caudillos y su poder, reflejado principalmente en la capacidad de movilizar recursos económicos y bélicos. En la etapa de la Confederación Argentina, cada provincia tenía su propio ejército y éste respondía a sus propios intereses.
Llegando al 1830, la Confederación Argentina se parecía mucho más a un caos que a una unión política. Los fusilamientos y persecusiones entre unitarios y federales estaban en todas partes del país. Enfrentamientos, traiciones, terrorismo de Estado pintaban el cuadro de situación político-social. En 1828, Dorrego es fusilado por Lavalle en un golpe de Estado unitario en Buenos Aires. La presión sobre dicha provincia se hace insostenible y surge la figura de un caudillo que sería el encargado de restaurar las leyes y velar por el orden provincial y nacional. Ese caudillo era Juan Manuel de Rosas.
En su primer gobierno de 1829 a 1832, Rosas actúa principalmente como gobernador de Buenos Aires y se encarga de adminitrar los recursos de la provincia para recobrar su crecimiento al mismo tiempo que reinstaurar el orden de las leyes persiguiendo intensamente a los unitarios y haciéndose valer del librecambio para permitir los beneficios que éste sistema le brindaba a los sectores más fuertes de la provincia. Rosas se retira del poder en 1832 pero volverá en 1835 a pedido del pueblo y con la suma del poder público.
El segundo gobierno de Rosas, es sin dudas una etapa de los más controvertidas en la historia argentina y también de las más falsificadas en pos de no dejarnos entender al día de hoy, la historia de cómo empezamos a ser pobres. Conciente de todo el mal que el librecambio ejercía sobre el país en su totalidad, Rosas implementa la ley de aduanas, imponiendo un fuerte proteccionismo sobre las importaciones, elevando así sus costos. Siendo más caras las importaciones, aquellas semi-industrias en formación de la época del virreinato volvieron a renacer y a poder competir en el mercado interno, el empleo volvió a crecer y las provincias del interior volviéronse progresivamente más productivas. Con la ley de aduanas de 1835, Rosas terminaba con una seguidilla de 25 años de librecambio oficial en Argentina, una política que nos convirtió por décadas en proveedores de los centros industriales de poder y nos sentenció al rol de periferia del sistema económico internacional. Rosas encarnó el primer proyecto netamente nacional, defendió la soberanía del país en cada una de sus fronteras y desafió las teorías de Adam Smith y su División Internacional del Trabajo; lo que no hizo el economista Mariano Moreno en 1809.
Pero a Rosas no le fue fácil velar por el bien del país. Las potencias extranjeras, descontentas del crecimiento y el proyecto nacional argentino, fueron por el restaurador y encontraron dentro del mismo país, los aliados perfectos para ir contra Rosas: a los unitarios. Francia primero y luego una coalición anglo-francesa, bloquearon comercialmente al país con el fin de dejar sin ingresos a Rosas, debilitándolo hasta quitarlo del poder para dar fin al proteccionismo que socavaba los intereses económicos de las potencias industriales. Parecía el fin de Rosas. Pero el restaurador y su ejército federal, defendieron la soberanía nacional de tal forma que Argentina derrotó primero a Francia y luego a la coalición anglo-francesa en la conocida Vuelta de Obligado. Arana, Ministro de Relaciones Exteriores de Rosas, firmó el tratado de paz con los ingleses, obligando a la flota pirata invasora a saludar a la flota argentina triunfante con 21 cañonazos. Lo propio hizo con la flota francesa. Argentina, era un país soberano, otra vez, como lo lograron en su momento Belgrano y San Martín. Por éste motivo, San Martín, el prócer más grande de nuestra historia, entregó en señal de honor, su sable (nada menos) a Don Juan Manuel de Rosas, defensor de la soberanía nacional.
Pero Rosas no tenía como una único objetivo defender la Patria Chica que había legado de sus antecesores, Alvear, García y Rivadavia; pretendía además, reconstruir la Patria Grande. Rosas, conciente de la intención británica de crear un Estado tapón entre los dos grandes países de América del Sur, Brasil y Argentina, se preparó para la guerra contra el Brasil. El restaurador pretendía que ese Estado tapón que pretendían los ingleses no sea la Banda Oriental, sino que sea Río Grande do Sul, territorio al sur de Brasil. Éste era el mínimo deseo de Rosas; el máximo, era anexionar a Río Grande do Sul al territorio argentino. No olvidemos que Rosas es de la línea de Belgrano-San Martín-Bolivar y Artigas: es de lo hombres que piensan en términos de Patria Grande, en contraposición a los unitarios quienes pensaban en términos de una Patria Chica. La guerra con el Brasil, era inminente…

CONTINUARÁ…

2 Comentarios en ¿Cómo empezamos a ser pobres? Parte III

  1. así que si no entendí mal, Rosas era bueno y velaba por el bien del país y los unitarios malos y querían el mal del país… ahh y Rosas ganó a los anglofranceses en la Vuelta de Obligado, muy interesante, seguí así

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  2. Hola. Gracias por tu comentario y tu tiempo. Una pena no nos hayas dejado tu nombre.
    Entrar en la dicotomía entre lo bueno y lo malo para analizar hechos históricos es peligroso, más competente a un estudio religioso o de tipo moral que, por lo menos en esta página, evitamos hacer.
    Sí creemos más objetivo un análisis que contraste los hechos del pasado con lo que sucedió en su futuro cercano; eso permite titular ciertas políticas o hechos concretos de “eficientes u oportunos”, o en el caso contrario, “ineficientes o anacrónicos”. ¡Gracias de nuevo!

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