Lo último

Perucas, Bolitas y Paraguas: los hijos de la patria chica argentina

Si hay algo digno en América Latina, parece que es ser argentino. De hecho, muchos argentinos están convencidos de eso y se jactan a díario de ser algo así como “el pueblo elegido de América”. No sé elegido para qué ni para cuándo, pero si es para alcanzar la gloria, hace 200 años que seguimos esperando, sufrimiento tras pobreza mediante. Aunque existe una tendencia de largo plazo a la desaparición de éste tipo de actitudes, es todavía un común, la creencia entre los argentinos, que en verdad son lo mejor de América Latina y hasta dudan fuertemente con reconocerse como parte cultural de la región ya que negar la funcionalidad geografica sería ya obra de una persona sin razón alguna. Si bien esta actitud se exalta mayormente en las ciudades más importantes del país -en especial Buenos Aires-, puede encontrarse desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. Producto de esta concepción hasta inconciente de superioridad, el argentino suele nombrar a oriundos de los países vecinos con deformaciones del gentilicio que van mucho más allá de un simple chiste o una simple broma popular. No es igual la connotación que un argentino expresa a la palabra gallego, para referirse a un español, gringo respecto a un europeo, o yankee a un estadounidense, que aquellas como paragua para hablar de un paraguayo, peruca de un peruano o bolita de un boliviano. Estas últimas suelen estar cargadas de cierto desprecio, distanciamiento, rechazo, subjetividad y de un infundamentado sentimiento de superioridad. Pero por sobre todas las cosas, tienen un objetivo conciente o inconciente muy claro: diferenciarse. Los argentinos buscan diferenciarse de la mayoría del resto de América Latina.
Ahora… ¿Por qué? ¿Qué nos lleva a una actitud semejante? Bueno, básicamente, esto es un legado del intento de construcción de una Patria Chica. Pero, ¿qué es eso de la Patria Chica? Es aquello que ha intentado construir la oligarquía porteña europeizada, en consonancia con otras oligarquías urbanas del interior del país y que han encontrado aliados hasta más allá de nuestra fronteras. Apoyados por potencias extranjeras como Francia, USA y Gran Bretaña, han intentado romper los lazos naturales, culturales e históricos que nos unen a Latinoamérica en función de querer forzar “un parecido” con Europa, aunque, por supuesto, esto sea una construcción artificial, no natural. Así buscó la oligarquía encerrarse en Buenos Aires, sin que importase el interior del país y bajo un manto de protección extranjera de turno, se resguardó económicamente en el librecambio y políticamente en ser una colonia informal de la potencia imperante, para así hacer la Europa o la Estados Unidos en América Latina.
El mayor sustento teórico de éste absurdo se lo debemos a Domingo Faustino Sarmiento, nuestro idolatrado prócer y maestro, ejemplo de los jóvenes estudiantes. Y vaya si fue ejemplo en su libro “El Facundo”, en el cual en su apartado “Civilización y Barbarie” describe a todo lo autóctono como lo despreciable, lo inútil, lo fútil. Sarmiento describe lo américano como bárbaro, salvaje, inoperante. Se refiere en particular a los gauchos, mestizos y negros que ocupan el territorio nacional; son los criollos, los verdaderos originarios del país ya independizado, son los hijos de La Revolución de Mayo que habitan los campos del interior y llegan hasta la ciudad para trabajar.  En palabras de Sarmiento se denota su intención de continuar con la línea de Rivadavia que en su momento ordenó a San Martín  retroceder hasta Córdoba librando a la suerte al norte del país, a Cochabamba (Bolivia) y al Alto Perú. Buenos Aires se negó a rendir fondos al ejército de San Martín y sólo la desobediencia y la valentía de nuestro gran prócer supo luchar por la libertad de hermanos chilenos y peruanos. Pero no dejemos de leer las palabras del propio Sarmiento, orígen de la ignorancia argentina actual: “Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia”. A los desprevenidos, les contamos que “Salvajes”, en palabras de Sarmiento, se refiere a los argentinos autóctonos, a los gauchos. Avanzando en el tiempo, nuestro idolatrado Sarmiento escribía al entonces Presidente y continuador de la línea Alvear-Rivadavia-Sarmiento, Bartolomé Mitre: “…no trate de economizar sangre de gaucho. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes”. Sin ir más lejos, fue Bartolomé Mitre quien llevó al país a la absurda guerra del Paraguay más conocida como la Guerra de la Triple Alianza entre Brasil, Uruguay y Argentina contra el humilde y productivo pueblo hermano del Paraguay. Fue a esa guerra a la que Mitre envió a gauchos y negros encadenados a conbatir y es por su muerte absurda (por no decidir genocidio) que nuestro país -y sobre todo Buenos Aires- no cuenta más con la rica diversidad racial con la que contaba; es por ésto que  en Buenos Aires no hay negros ni mulatos, prácticamente. Demás está aclarar la falsedad de caracterizar dicha guerra como “Internacional”, cuando no era el Paraguay sino una antigua provincia del Virreinato del Río de La Plata, la verdadera Patria Grande, que unía a los actuales países como Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay y parte del Perú.  
La Patria Grande no es otra cosa sino todo el exterritorio del Virreinato del Río de La Plata, nuestra verdadera Patria, todo lo que pertenecía a una misma cultura, una misma economía interconectada, formamos parte de una misma invasión y una misma revolución (con matices, claro está, pero una misma revolución independentista al fin). No hay diferencias entre un boliviano, un paraguayo, un argentino, un chileno, un peruano o un uruguayo, porque todos son ramas del mismo tronco histórico, de la misma mezcla, de la misma cultura. El argentino que se jacta de despreciar a un hermano de un país limitrofe con un gentilicio despectivo no hace más sino despreciarse a sí mismo y situarse en carácter de inferior, porque nunca se hizo la Europa en América sino que por siglos fuimos (¿o seguimos siendo?) una colonia informal del poder hegemónico de turno. Lo mismo vale para los que en otros países utilicen conceptualizaciones despectivas para con los argentinos, casos que también existen por demás. La fragmentación y el espiritu de diferenciación es la victoria de Estados Unidos e Inglaterra sobre una América Latina, fuerte, unida, sólida. Es la victoria del imperialismo por sobre la construcción de nuestra Patria Grande. 
Todo argentino que siga viendo de forma despectiva a un hermano latinoamericano no es menos que un ignorante de su propio pasado (repitiendo con palabras, frases y preconceptos estúpidos), de su propia historia y del nacimiento de su propia cultura. Cuando decimos de forma despectiva “Uruguay, es una provincia nuestra”, deberíamos cambiar lo tendenciosamente negativo de esa frase, porque en verdad así fue y así debería seguir siendo; y no porque Uruguay sea un Estado o una nación inferior a la nuestra, sino porque es la misma,  siempre fue la misma y que lo siga siendo fue la intención de los verdaderos padres de la Patria Grande como Belgrano, San Martín, Rosas y Artigas, entre otros pocos. No lo es, por obra de Brasil y de Inglaterra, no por obra argentina ni por obra uruguaya.
No hay progreso sin una América Latina unida, que se respete mutuamente y que conforme proyectos de cara al futuro basados en la integración regional, política, económica y cultural. Sin Patria Grande no hay futuro. Hoy, la realidad latinoamericana también invita a Brasil a unirse a éste camino, a pesar de ser la única nación con otra historia y otra cultura. Esas diferencias se fueron achicando hacía la actualidad y no es el Brasil otra cosa, sino un hermano más y hasta de los mayores, esos que pueden ayudarnos a mostrarnos el camino que nos lleve a ese lugar, donde los humildes dejen de ser chiquitos, para convertirse en humildes pero en grande…
Cada vez que uses esas palabras para referirte a otro, acordate por qué lo hacés y por lo menos sé conciente de denigrarte a vos mismo. 

4 Comentarios en Perucas, Bolitas y Paraguas: los hijos de la patria chica argentina

  1. Yo creo que el Argentino, por cuestiones históricas y conquistadoras ya no siente la sangre indígena de la que nació.
    Esa es la gran diferencia entre el Argentino y el resto de Latinoamerica. Nosotros somos descendientes de europeos y nos sentimos mas cómodos siéndolo. Solo basta fijarse en las costumbres, en la música que escuchamos, en la manera de vestir y en la manera de hablar.
    No conocemos nuestra historia como Latinos, todo lo que se sufrió durante muchos años de exterminio oculto por los verdaderos salvajes. Las grandes ciudades hoy llamadas “ruinas” no solamente dejaron de existir físicamente, sino también en la memoria de muchos de nosotros.

    Me gusta

  2. Gracias por comentar. Cuando la gente que a uno lo sigue es desconocida se valora, pero cuando a uno lo siguen aquellos con los que compartió la vida, se siente un poquito más tranquilo. Gracias por leernos. Un abrazo,

    Me gusta

  3. Totalmente de acuerdo, Sheva.
    Sólo que a veces pocos logran entender y evolucionar por su estupidez e ignorancia que los condena.
    Estoy de acuerdo con que la unión lleva al progreso.

    Me gusta

  4. Los vestigios de estos criterios hoy en dia (en la mayoría poblacional) se los desprestigia de esta forma debido a los hábitos que estos llevan. Hablar de racismo es hipocresía, si no se asume los “oficios” que estos emplean. El hecho de que éstos posean subsidios, realicen actividades indignas, y no utilicen su tiempo para apuntar a un oficio, sino a vivir de los mismos subsidios y ventajas del sistema, hace que la gente los desmerezca. La gente que guarda una buena apariencia y tiene una educación, raramente es ligada a estos estereotipos, aunque sean de las mismas nacionalidades. Resulta incomprensible para el trabajador, asumir que no hay filtros de inmigración, y que la mayoría de la gente que ingresa, utiliza eso como beneficio, teniendo que aceptar a narcos, a ladrones, a vagos. Ojalá recibiéramos Bolivianos, Peruanos y Paraguayos “de verdad”. Gente con un título universitario, o al menos con aspiración a trabajar. Gente que sienta indigno vivir de un subsidio y sea capaz de autosustentarse. En ese momento se terminará la “discriminación” en argentina por parte de las mayorías.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: