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¿Cómo empezamos a ser pobres? -Parte I-

Nuestro actual país, formaba parte del Virreinato del Río de La Plata, nacido a partir de la colonización de América a manos de España. Vale aclarar, que al día de hoy, usamos términos como “América” o “Río de la Plata”, producto del legado de la conquista española a nuestros territorios. Digo esto, porque antes de que España llegue a nuestro continente, una historia se estaba forjando; los protagonistas, eran los indígenas que ocupaban dicho territorio, los cuales contaban con su propio sistema de producción, distribución y comercio. Al llegar los españoles de espíritu mercantilista, no sólo se adueñaron de los territorios, implantaron sus gobiernos y sustrajeron cuanto metal precioso encontraron; como no se sintieron aún, lo suficientemente conformes, mataron a dos tercios de la población indígena americana para consolidar así, definitivamente, el dominio europeo.
Avanzada la edad colonial y ya entrado el siglo XVIII, la sustracción de materias primas y metales preciosos de las colonias, se volvía cada más difilcultosa. Basicamente por dos razones: en primer lugar, hacer una expedición por ultramar de tal envergadura (Europa-América ida y vuelta), no era barato para la época. En segundo, existía otro Estado protagonista del sistema internacional con algunos comportamientos hostiles. Ese Estado no era otro que Gran Bretaña y las hostilidades se refieren principalmente a la piratería. ¿Piratas? Sí, piratas. Gran Bretaña era muy consciente de los costos de una expedición por ultramar, por ese motivo, veia muy redituable lanzar una jauría de piratas contra los barcos españoles que se hacían de bienes de orígen americano. Los españoles, se veían obligados a realizar viajes acompañados por barcos de guerra -convoys- para proteger a los barcos comerciales, algo que acrescentaba aún más los costos de la metrópoli.
En base a la dificultad que encontraba España para comerciar con sus colonias, en el Virreinato del Río de la Plata, se creó una suerte de “industria en formación” que se orientaba, básicamente, hacía los productos textiles. Para que esta “semi industria” fuese posible, existía un “cordón semi-industrial” que unía el alto perú con ciudades como Tucumán o Córdoba. Nuestro país actual se especializaba (dentro de esa industria), a “los transportes” o “camiones” de la época, que eran las mulas, producidas en el Norte argentino.
Puesto que esa “industria en formación” se ubicaba al interior del Virreinato, ciudades como Buenos Aires quedaban apartadas del centro económico de la unidad política. Incapaces de crear su propia empresa semi-industrial, las provincias del litoral se dedicaron al contrabando con ingleses y franceses, burlando el monopolio impuesto por España para comerciar con sus colonias.
El contrabando fue un sistema proveedor de grandes riquezas para la población porteña, quien fue acrecentando su poder y afianzandose en Buenos Aires. Así compraron muchas propiedades instalandose en las cercanías del puerto y, lógicamente, de la Aduana que lo controlaba.
Para legalizar sus riquezas comenzaron a predicar acerca de la importancia de que se instaurasen los principios del libre cambio y se termine con el monopolio español. Así empezaba la columna vertebral de la historia argentina: PROTECCIONISMO vs. LIBRECAMBIO, ese será el eterno dilema.
Los orilleros (personas que habían sido desplazadas hacía las orillas de la provincia), fueron en verdad los primeros patricios que habitaron Buenos Aires y no la oligarquía contrabandista que afianzó posteriormente su poder en la ciudad. Estos últimos distribuían las importaciones de contrabando desde Buenos Aires hacía el interior. Su red de distribución llegaba hasta Córdoba y en menor medida a Tucumán.
En resumen: en el Virreinato del Rio de La Plata hay dos sistemas económicos, la semi-industria en formación del interior y el comercio en base a importaciones del contrabando en Bs As. En éste contexto, empieza a formarse la nacionalidad argentina y comienza nuestra historia. El inicio se dará a partir de un acontecimiento en particular: las invasiones inglesas de 1806 y 1807.
En 1806, una flota de barcos ingleses con apróximadamente 1.200 soldados a bordo, desembarcó en lo que hoy conocemos como el puerto de Quilmes, al mando del Comandante Beresford. Los ingleses tomaron Buenos Aires y la Aduana. La oligarquiía porteña, juró lealtad Su Majestad británica. El único funcionario que se negó a jurar lealtad fue un tal Juan Manuel Belgrano, quien declaró “el amo viejo o ninguno”.
Luego de la toma de Buenos Aires por parte de los ingleses, comenzará a formarse en las orillas de la provincia, lo que se conocerá como “el ejército de milicias”, que no es otra cosa que un ejército formado principalmente, de civiles armados. Éste ejército será comandando por Santiago de Liniers y será conocido como el ejército de patricios (en referencia a los patricios originales de Buenos Aires que habían sido desplazados por los oligarcas contrabandistas que posteriormente juraron lealtad a Gran Bretaña). Tanto el regimiento de Patricios, como los mismos habitantes de Buenos Aires, se hicieron con la reconquista de la ciudad, peleando en gran inferioridad de condiciones contra el armamento inglés. Finalmente, la invasión será abortada.
Sin embargo, en 1807, los ingleses intentarán nuevamente invadir Buenos Aires (esta vez con 12.000 soldados al mando de John Whitelocke), pero serán una vez más derrotados por las milicias locales. Sin duda, las invasiones inglesas rechazadas por los patricios dejaron dos marcas en el Virreinato: la incapacidad de España para proteger sus colonias y la concientización de una incipiente nacionalidad en los colonos.
Mientras se daban las invasiones inglesas, el Virrey en ese entonces, Sobremonte, escapaba a Córdoba con el tesoro nacional. Fue alcanzado a la altura de Luján por los ingleses quienes se llevaron el tesoro nacional al Banco de Inglaterra. Tras la reacción de Sobremonte, los patricios solicitaron un Cabildo abierto, lo destituyeron y pusieron a Liniers como Virrey. Fue el primer golpe de Estado en la época del Virreinato. Liniers estuvo al frente del Virreinato hasta 1809, cuando la junta de Sevilla que gobernaba España en nombre del Rey Fernando VII (preso a manos de Napoleón), nombró a un nuevo Virrey que llegó desde España: Cisneros.
En España las políticas hacía el Virreinato comenzaban a cambiar un poco. Sucede que enfrentada con Francia, España se acercará a una alianza con Gran Bretaña, quien le pedirá a cambio la apertura del comercio con las colonias de América Latina. Así al llegar Cisneros a América, abrió definitivamente los puertos a ingleses, holandeses y franceses (se dice definitivamente porque ya había levantado el monopolio anteriormente). Con esta política, la elite porteña contrabandista se vio favorecida y la industria en formación del interior, perjudicada. El año 1809 sería el puntapié inicial para lo que marcará el resto de la historia y ya se nombró más arriba: PROTECCIONISMO vs. LIBRECAMBIO.

Continuará…

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