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"Ser o no ser K, ese es el dilema argentino"

Parece que a la historia política argentina le gusta repetirse una y otra vez, y como alguna vez existieron los unitarios y los federales; otra vez los Yrigoyenistas personalistas y los antipersonalistas; otra los justicialistas y los radicales; ahora el centro del debate político pasa por ser “K” o ser anti “K”. Como hay gente que frecuenta éste blog pero no es argentina y no está inmersa en la realidad nacional del día a día, vamos a contarle que “K”, se denomina a toda aquella persona que esté decididamente en favor del oficialismo, es decir, que apoye al gobierno Kirchnerista (hoy representado por Cristina Férnandez de Kirchner, la actual presidenta de la nación y viuda del expresidente Néstor Kirchner). No obstante, anti “K”, es toda aquella persona que esté decididamente en contra de las formas políticas del oficialismo y aunque la oposición en Argentina está muy fragmentada, es decir, dividida en muchas minorías políticas, el título de anti “K”, muchas veces se conceptualiza en torno al Grupo Clarín, que versionando las repeticiones que brinda la historia argentina, no es un partido político, sino un medio de comunicación que ha sabido ganarse la mayor parte del destino de prensa del país en los últimos años.
Curiosamente, la política argentina (sobre todo en la última elección de 2011) no se discutió en las urnas, ya que la presidenta tenía ganada de antemano la elección que finalmente se llevó con más del 50% de votos a su favor, inscribiendo un record histórico. Por el contrario, parece que las visiones políticas, en vez de confluir en las urnas y en los proyectos o modelos de país, se discute todos los días en la prensa. Así, los medios más atendidos por la población son o los oficialistas o los anti-oficialistas. ¿Pero cómo? ¿La prensa toma parte por uno o por otro? ¿No debe ser objetiva? Bueno, debe, pero bienvenidos al mundo real. En el mundo real, la teoría se corre un poco a la hora en que la práctica da el presente. El gobierno, en pos de terminar con el monopolio del Grupo Clarín y su prensa interesada, ha tomado el control de algunos diaríos que se manifiestan claramente a favor de un subjetivismo oficialista y también ha hecho lo propio en la televisión y en la radio, tomando para sí, emisoras y canales. Además, el gobierno se hizo de la política “fútbol para todos”, comprando los derechos de trasmisión del fútbol, que ahora se ve por TV pública. Sucede que antes, el fútbol (sin dudas el espáctulo cultural más visto del país), estaba en manos privadas y la televización de los partidos tenía precios (y elevados). Ese precio estaba en manos del Grupo Clarín, como tantas otras cosas en nuestro país. Esta política antimonopólica adoptada por el gobierno, tuvo dos beneficiarios: el primero fue el pueblo que mira fútbol, ya que no tiene que pagar por él (aunque obviamente, lo paga através de sus impuestos) y el otro fue el propio gobierno, porque al ser Canal 7 propiedad del Estado y principal emisor del “fútbol para todos”, las propagandas gubernamentales cuentan con un caudal de televidentes mucho mayor.
El gobierno, en su guerra mediatica con el Grupo Clarín, también implementó políticas como la ley de servicios audiovisuales y fue también por “papel prensa”, el principal productor de papel de diarío del país. Hoy, en la realidad argentina, hay díarios opositores, como Clarín y La Nación; hay también díarios oficialistas como El Argentino o Página 12; hay canales de televisión y programas oficialistas como Canal 7 o “Duro de Domar”; pero hay también canales opositores como Canal 13 o TN y programas como “Después de todo”. También hay periodistas oficialistas y opositores como Victor Hugo Morales o Jorge Lanata, respectivamente. Parece que todo está bastante delimitado para los argentinos. En verdad, el limite está dado por una linea divisoria bien clara: ser K o ser anti K. En el medio de esos dos frontones queda atrapado, sin embargo, algo muy curioso: 40 millones de argentinos, que sean K, anti K o neutrales, necesitan saber de la realidad del país, para así tener herramientas (aunque tan sólo sea su capacidad de voto) para continuar apoyando esta realidad o intentar cambiarla. Como es de imaginarse, los generales dan las ordenes e indicaciones para la guerra, pero no son los únicos que combaten y tristemente, la gente que no está inmersa en la contienda más que por ser argentino, termina declarandose por uno de los dos lados y discutiendo entre ella sin conseguir fin productivo alguno, sino sólo echando leña a una fogata que ni los calienta ni los ilumina. Los argentinos alimentamos un debate que ni siquiera manejamos, porque no estamos en la esfera del poder más que a la hora de votar; fuera de ese momento, al tomar lugar por uno o por otro, sólo avivamos el fuego de un incendio que no provocamos ni podemos apagar.
Los argentinos están atrapados, entre kirchneristas fanáticos y opositores fanáticos. E inconciente y progresivamente, cada vez son más los que engrosan las filas de uno u otro lado. La guerra política pasó de las urnas a los díarios, de los debates constructivos a la televisión subjetiva, de los proyectos de país a las voces de uno u otro periodista. Pero sucede algo que quizás no muchos argentinos están viendo: todas estas personas que hemos nombrado, junto a las entidades con fines de lucro que hemos descripto, tienen un sólo fin: responder a sus intereses personales. Clarín critica hasta la buena intervención argentina por Malvinas (algo irrefutable por donde se lo mire); el gobierno inventa los índices económicos (numeros refutables por donde se los mire). Acciones como estas, poco ayudan a los 40 millones de argentinos, que lo que pretenden es tener información transparente para poder formar una opinión pública propia. Pero ambos lados están enfrentados en una guerra, una guerra que tiene como único fin introducir subjetividades en la cabeza de los integrantes de la población para hacerlos en una de las dos filas. Parece que nadie es capaz de entender que no hay fila que valga, que no se puede ser decididamente oficialista o decididamente opositor, porque el gobierno tiene yerros que es necesario denunciarlos para que se corrijan y las corporaciones mediaticas, tienen intereses particulares que no tienen como fin el bienestar social, sino sólo el fin de lucro particular. Lo único que puede serse decididamente, es argentino.
Pero éste es el cuento de la buena pipa que empieza pero nunca termina. Pasa que al leer esto, un bando le echará la culpa al otro de haber llegado a esta instancia y dirá que es necesario que uno de los dos sojuzgue al otro para que la prensa se purifique. Mientras algunos ya no sabemos qué leer ni dónde buscar una fuente que intente contar lo que pasa y no contar lo que pasa con una opinión, visión o enfoque decididamente subjetivo, hay otras personas que siguen batallando en una guerra de poder que nada tiene que ver con la sociedad en sí. La sociedad no quiere medias que digan “Clarín miente” ni quiere díarios que respondan a intereses vendepatrias como Clarín o La Nación han demostrado tener una y otra vez. Está en los jóvenes, los periodistas recién recibidos y los sanos capitalistas, forjar medios de prensa que intenten ser objetivos e instruyan al pueblo en vez de confundirlo cada vez más. Que le clarifiquen la situación y desmascaren las luchas de poder que tienen como fin intereses particulares. Argentina necesita una opinión pública generada por el público y no influenciada por corporaciones gubernamentales o privadas. Hay muchos argentinos a los que no nos interesa ser “K” o Anti “K”, sólo queremos ser argentinos: Hola, acá estamos.

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