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Todo eso que nos hicieron creer

A mucha gente le gustó la entrada anterior y estoy muy contento y agradecido por los elogios. Pero más contento me pone cuando me critican, porque me encanta el debate respetuoso y productivo. Me han criticado al unísono con algo contundente, conciso, concreto y puntual: – “vos no sos pobre”. Perdón por desligarme un momento de mi hasta ahora intachable y coloquial forma discursiva para poder gritar a los cuatro vientos: “¡Me cagaron!”, porque no hay otra forma de describir la manera en la cual me descubrieron. No sé como salir de éste papelón intelectual y socio-virtual que estoy pasando al ser descubierto como un “pobre subversivo” encerrado, en verdad, en la vida de un pudiente a los que tanto se envidia en este blog. Parece que se acabó la farsa, toda ésta cortina llegó a su fin, el autor del blog de los pobres… ¡No es pobre, sino un pudiente en vías de desarrollo o a punto de convertirse en burguesito!
Pero también puede que no… veremos si puedo refutar la acusación y sostener la mentira un tiempo más, sobre todo ahora que el blog se ha hecho un entretenimiento sano para mucha gente además de mi.
Quizás la confusión nace porque yo no supe explicar oportunamente qué es ser pobre para mi y para éste blog. Imagino que muchos hacen cuentas, borran con el codo lineas que trazan con sus manos y esbozan cuentas matemáticas en su cabeza, lidiando con el dilema moral de si hacerle caso o no a los números de la canasta básica del INDEC. Me dirán que quienes alcancen la misma no serán pobres, que los que estén por debajo de la linea serán indigentes, lo mismo que los desamparados y mucho mucho más acerca de términos económicos que me encantan por estudiar economía y me aburren por ser un mortal. Yo digo que eso es sólo una parte de todo lo que nos hacen creer. Nos hacen creer que somos pobres o no, por  el hecho de alcanzar la canasta básica familiar o la linea de crédito hipotecario o el visto para tener tarjeta de crédito o por si conseguimos al garante y los recibos de sueldo para alquilarle al burgués o al burguesito su inversión en ladrillos. Eso no es ser pobre para éste blog.
Pobre es todo aquel que tiene restringida su capacidad de elección, su libertad socio-economica y cultural. Pobre es el que vive atado a la plusvalía que genera con su cuerpo o con su mente para sobrevivir. Pobre es quien posee una capacidad de ahorro real nula o largoplacista al exceso. Pobre es quien vive por debajo de la calidad de vida que resulta de promediar la vida del magnate y la del mendigo. Pobre es ese que no dispone de una vida acorde al tiempo en que vive y a las nececidades básicas y complementarias que lo componen.  Ese, es… ¡pobre! Algunos más y otros menos, pero no por eso dejan de ser… sí, pobres.
Pero hagámonos la pregunta del millón: ¿Por qué algunos creen que no somos pobres los que merodeamos éste blog? Bueno, porque han caído en la falacia histórica oligarca, la han comprado inconcientemente. Los mismos pobres han llegado a creer que en el Siglo XXI las necesidades básicas estaban cubiertas y que pobres “son esos negros que pelean por un puñado de arroz en África”. Pero déjenme decirles que pobres somos muchos, aunque algunos los seamos más que otros. Porque allì donde exista una persona que goce de independencia económica significa que otra soporta esa carga. Así vivimos el mundo de hoy, en una competencia constante, una carrera en la que supuestamente podemos ganar dependiendo de nuestra voluntad, fuerza, ingenio, eficiencia y muchas otras cosas más. Pero les cuento que no es tan cierto.
Nos han hecho creer que tener para comer es la felicidad y el fin último, que gozar “muy de vez en cuando” de lo que para otros pocos es un hábito nos convierte en pudientes. Bueno, mi gente, despierten, eso no es verdad. La verdad es que ni las tres necesidades básicas del ser humano que se arrastran desde la época del hombre de Cromañon pueden ser satisfechas por el pobre promedio en nuestro país. Nadie con un sueldo básico en argentina se viste, come y duerme todos los días, de forma individual y digna. Quieren convencernos de que sí se puede (comprando ropa en La Salada, comiendo productos de segundas marcas que vaya a saber quién produce y durmiendo en la casa heredada del legado familiar), pero no es cierto. El trabajo no garantiza las necesidades básicas, ni el ahorro, ni la capacidad de compra. Sucede que nos han hecho creer que las vacaciones no son algo básico, que el ocio es para pocos y que en la repartición “sólo nos ha tocado esto del esfuerzo constante”. Eso no es lo que elegimos. Y no me refiero a no trabajar, ni a no esforzarse, sino a la compensación real de dichas acciones. Pero la realidad es muy distinta a la teoría, la realidad muestra que el trabajo es en su mayoría un instrumento útil según su renta para la sobrevivencia pero no para la vida plena. ¿Vida plena? Si, vida plena. Poder elegir, elegir en el supermercado por gustos y necesidades y no siempre por precios, elegir una vocación sin importar la renta que suponga en el mercado, elegir el tipo de ocio y no el que sea cuantitativamente alcanzable. Elegir alguna vez que la vida en general se ajuste por calidad y no por precio.
Éste blog no es la utopía comunista donde todos seamos iguales y felices, esto es algo más simple, entendemos que hay gente con la capacidad de elección muy limitada y gente con una capacidad de elección tan amplia que nos asusta y da mucha envidia.
A esa gente que me ha dicho que no soy pobre, la respeto por demás y le confieso que me pone contento que me tapen los ojos y la boca y me quieran hacer creer que tengo mucho más que otros. Pero sé que mi diferencia con ellos no es ni comparable con la diferencia que tiene el Cipayo con la prole toda. En todo lugar donde haya una persona con un interés personal tal que sobrepase los índices normales de individualismo, habrá una multitud enardecida que pagará las consecuencias de sus exageradas rentas obtenidas.
Todo eso nos hicieron creer, que conseguir tan poco nos hace pudientes, que los lujos, el ostentar, los goces y el disfrute real de la capacidad de elección, es sólo para unos pocos y que eso está bien. Bueno, leanme un segundo, no está bien nada. Y nuestro desarrollo intelectual como seres humanos, con el doloroso pero necesario paso de la historia, es lo único que hará que el mundo pase de inequitativo a ultranza, a más lindo y habitable para todos. Si yo no creyera que las cosas pueden ir mejor y que está en nuestras manos y nuestras mentes concientizar al mundo de que una mejor equidad, es un una vida mejor para todos, no perdería tiempo escribiendo un blog, sino que saldría a correr mi carrera de desarrollo individual, solito. Prefiero quedarme con ustedes, dando lucha desde el mejor lugar que encontré.

2 Comentarios en Todo eso que nos hicieron creer

  1. estela zanlungo // 6 abril, 2012 en 17:22 // Responder

    Todo un tema éste de la línea que divide la etiqueta social. Cuando era chicos, mis hijos me hacían la consabida pregunta: Nosotros qué somos, pobres o ricos? A lo que yo respondía con certeza, SOMOS POBRES. Por ahi era muy largo explicar (en los 90) que éramos laburantes pero que no teníamos casa propia, que teníamos un auto, pero que era viejo y nos llevaba siempre lo poco que hubiéramos podido ahorrar, que había que esperar para comprar zapatillas porque ese mes no se podía, en fin… La cuestión es que teníamos una familia vecina, realmente pobre, sin llegar a ser indigentes. Vivían 5 ó 6 en una pieza, como podían, y los chicos eran amiguitos de los míos. Una vez me interpeló la madre: por qué les decía yo a los chicos q éramos pobres…
    Me gusta tu blog. Mucho.

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  2. Estela, leí tus palabras a la madrugada de un Sábado yendo a un bar, arriba del 160. Estaba viajando sólo y me alegraste el viaje. No con diversión ni comicidad sino con lo emotivo de ésta historia breve que nos contás. Me río bajito y me pregunto cuántas de esas habrá…
    Me alegra que te guste el blog, con comentarios como el tuyo, siento que se entiende lo que quiero decir. Un abrazo bien fuerte y gracias por dedicar tu tiempo en leerme.

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