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El hombre pobre y el animal capitalista

   En la historia y evolución del Capitalismo, vaya si éste fenómeno ha adoptado distintas formas como ser acumulación monetaria, sobreproducción, transferencia de activos financieros, instalación de empresas transfronterizas, etcétera. Sin embargo, parece que el Capitalismo ha logrado su máxima expresión al instalarse de lleno en el alma de lo que me gusta llamar “el animal capitalista” de manera formal o “la máquina consumista”, cariñosamente. Aunque claro está que muchos llaman a éstos seres, simplemente y en general, “la mujer”.
   La mujer es la sede central del Capitalismo en la vida práctica. Todo componente del Capitalismo se relaciona con la mujer y viceversa. Ella es el mejor soldado en el pelotón del capital y su arma más poderosa no es otra que el poder de compra. Está entrenada para realizar incontables cantidades de compras en tiempos que por ínfimos se vuelven incalculables. Para peor, la evolución del Capitalismo la ha dotado de herramientas de destrucción masiva tales como cheques, cuentas corrientes y tarjetas de crédito. Mucha gente en el mundo tarda gran cantidad de años de su vida en percatarse del gran poder con el que cuenta el animal capitalista; generalmente, al darse cuenta ya es tarde. Sucede que la mujer no sólo cuenta con su arma principal, el poder de compra, sino que posee otra tanto o más poderosa, la cual yo llamo “el campo de atracción del capital”. Suena raro, pero no lo es tanto, más adelante vamos a explicarlo.
   El hombre pobre promedio ha salteado en su vida capitalista pruebas que de arduas han quedado en la memoria de todos: resistirse a tomar créditos usureros por jugosos y tentadores que fuesen; sobrevivir con salarios que de pauperrimos fomentasen la flaqueza; soportar jornadas laborales fabriles de 14 a 16 horas; entre tantas otras proezas logradas por el pobre en esta vida forzada al fracaso proletario y al éxito burgués. Sin embargo, existe algo a lo que el hombre no puede resisitir por más que utilice el cúmulo de sus fuerzas, su valentía y su predisposición, éste algo es la máquina consumista. Los hombres no pueden resisitirse a su amor por las mujeres, porque son aquello que los completa plenamente. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos y no por necesidad concientemente, para llegar a la mujer, el hombre debe sortear los óbstaculos que le impone el Capitalismo en forma de gastos incesantes. Por eso, para el hombre, la mujer es “el gasto que da gusto sufrir”, lo que no deja de significar finalmente un gasto. Ahora empezamos a entender el concepto de campo de atracción del capital, ya que la mujer está rodeada de una suerte de “campo mágnetico” que atrae al capital, sea por medio de su poder de compra o… ¡Por el poder de compra nuestro!
   El hombre dedica gran parte de su vida a la máquina consumista, primero intentando conquistarla -gasto de capital mediante- y luego siendo acreedor de su poder de compra otras tantas veces. Pero existe un condimento que data de siglos atrás, el cual se ha convertido en un fundamento pseudo diabólico para la vida del hombre pobre promedio. Éste condimento no tiene un nombre preciso aunque algunos lo llaman “caballerocidad”. Yo prefiero llamarlo “el ruin legado feudal”. Lo llamo así porque en la antigüedad, el papel de la mujer en la economía, la política, la producción y la vida social era, penosamente, casi nulo y nuestras mujeres tardaron muchísimos años en posicionarse al igual que los hombres, derecho y logro por el cual brindamos hoy en día. Pero parece que las mujeres han cobrado interés por lo que han sufrido en el pasado y ahora que son libres e iguales, gozan del beneficio de ese interés, al cual yo llamo “ruin legado feudal”. Como en la antigüedad el hombre era el protagonista de toda sociedad, fue siempre gerente y encargado de las finanzas individuales, familiares y sociales. Sin embargo, en la contemporaneidad, ésto cambió, porque la mujer protagoniza muchas veces al igual que el hombre, la capacidad de manejar los fondos. No obstante,  sigue existiendo un lugar en donde todavía no se ha hecho del todo compartido el proceso de pago y de manejo del dinero: éste lugar es justamente en la relación entre el hombre y la mujer. Parece que eso hemos heredado de la edad antigua y los hombres son bastante mal vistos cuando no se hacen cargo de los gastos de pareja. Es decir, el mundo cambió hacía la igualdad, pero el interés que la mujer ha ganado por tanto que soportó en el pasado, erosiona la capacidad de compra del hombre día tras día en el presente. La caballerosidad que antes se avistaba en la nobleza de espada o de toga, hoy se esconde en las billeteras, los regalos y el ostentar… ¡Vaya lugar donde fue a trasladarse!
   Y así vive el hombre al día de hoy, remando contra la corriente capitalista en pos de conseguir sus objetivos: su casa, su auto, el amor, la familia… el hombre encuentra en el animal capitalista, aunque de los más lindos, un obstaculo más para su desarrollo económico personal; y la mujer -ya inserta en el mundo del trabajo- goza de la capacidad selectiva que tantos deseamos algún día tener: destinar la renta al ahorro o alimentar cada vez más la demanda agregada, pero no por medio del gasto público como dicen los libros de economía, sino personalmente, por sobre todas las cosas, con la compra de zapatos, carteras y productos de belleza.
NOTA DEL AUTOR: BIENVENIDO SEA EL HUMOR DE GÉNERO. PARA LA VENGANZA FEMENINA, PRONTO SE PUBLICARÁ “EL HOMBRE, UN SER MALVERSADOR DE FONDOS POR NATURALEZA”.

 

2 Comentarios en El hombre pobre y el animal capitalista

  1. Claramente compartimos un modelo ideológico con mi buen amigo J.H. López Manilo. El animal capitalista, o mujer como desde antares se la denomina, ataca un punto que conoció por siglos dejando muy en claro que a lo largo del tiempo no posee memoria alguna. Haciendo un pseudo paralelismo, sería como si los judios comenzaran a perseguir a otro pueblo y exterminarlo porque son de otro color jaja.

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  2. Mejor comentario no hubiese podido leer. Gracias por el tiempo de lectura dedicado. Abrazo enorme.

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